Honduras
Un certero golpe en la cabeza le quitó la vida a Santos Jerónimo Cerrato Gonzales, de 27 años de edad.
El hecho ocurrió a la una de la mañana de ayer a escasos 50 metros de la posta policial de Valle de Ángeles.
El cuerpo quedó tirado boca arriba, en la orilla de una de las calles empedradas.
Cerrato Gonzales vestía un pantalón azul, zapatos negros, y chumpa color amarillo y azul.
Era estudiante de carpintería en el Instituto Nacional de Formación Profesional (Infop), ubicado en el pintoresco municipio.
Todos los fines de semana acostumbraba visitar a sus familiares que residen en la aldea Guacamaya, San Juancito, sin embargo, el viernes decidió no viajar porque asistiría a una fiesta en Valle de Ángeles.
Los familiares fueron sorprendidos con la noticia a las seis de la mañana de ayer.
A través de una llamada telefónica les informaron que Santos Jerónimo se encontraba muerto de un golpe en la cabeza.
Las autoridades desconocen la identidad de los responsables del hecho. Se presume que los hechores utilizaron una piedra que se encontraba ensangrentada para cometer su fechoría.
Cuando Santos Jerónimo tenía un año de edad, sufrió una enfermedad que lo dejó parcialmente inválido de sus extremidades inferiores y superiores, lo que le dificultaba movilizarse de un lado a otro.
“Nosotros no sabemos nada de como ocurrió la muerte de mi hijo porque las autoridades policiales no nos han dicho nada”, manifestó Ana Lucía Gonzales Galeas, madre Cerrato.
Reconocimiento
Hasta el lugar de la escena del crimen llegaron agentes de la Policía de Investigación y los médicos forenses, quienes realizaron el reconocimiento y levantamiento del cuerpo sin vida.
El cadáver fue trasladado a la morgue capitalina donde se le practicaron los exámenes correspondientes, los que van a determinar las verdaderas causas del deceso.
De acuerdo al informe preliminar, se cree que Santos Jerónimo había perdido la vida en las primeras horas de ayer, sin que los pobladores se hayan dado cuenta de lo sucedido, incluyendo los agentes que se encontraban en servicio en la estación policial de Valle de Ángeles.
Los familiares demandan que se realicen las investigaciones para que el hecho criminal no quede en la impunidad.
“Era una persona que no se podía defender ya que tenía problemas para caminar y también en sus brazos”, decía con lágrimas en sus ojos la acongojada madre.
Aseguró que a su hijo le gustaba ingerir bebidas alcohólicas, especialmente cuando andaba en las fiestas de la comunidad, pero que no buscaba problemas con nadie.