Honduras
El pequeño y humilde ataúd donde yacía el cuerpo de Nahomi Michell Contreras, de 3 años, fue cubierto esta tarde por la tierra de su última morada en el cementerio Divino Paraíso.
Dolor, consternación, impotencia, llanto e incredulidad se reflejaban en los rostros de sus abuelos que amorosamente la recibieron siendo una bebita, luego que la justicia determinara que sus padres no eran aptos para su crianza.
La historia de Nahomi se escribió en apenas 36 meses de vida con letras de sangre y dolor, a manos de unos padres adictos a la droga que en vez de amor le propinaron golpes.
La niña murió el pasado doce de enero, al no resistir una cirugía que le practicaron en el hospital Mario Catarino Rivas, en San Pedro Sula, adonde fue ingresada tras una salvaje golpiza que le propinó su mamá, Paola Bejarano, con quien había sido enviada a pasar las fiestas de Navidad y Año Nuevo.
En un principio, su madre aceptó la responsabilidad en la muerte de la pequeña, aunque después se retractó.
La triste noticia de la muerte de Nahomi ha conmovido a las autoridades del Instituto Nacional de la Familia (Infa), a sus seres cercanos, a los vecinos, y a todos los lectores que han seguido de cerca el caso. Nadie se explica, nadie puede comprender, qué llevó a una madre a tratar de semejante manera a su criatura de tres añitos.
¿Sería una travesura la que desató la ira de la mujer? La madre no lo dice, y aunque confesara, todos concuerdan en que no hay excusa ni razón para cometer tan brutal hecho.
El cuerpecito de Nahomi fue trasladado de San Pedro Sula a la capital, donde residía con sus abuelos paternos en el barrio Las Crucitas, para darle hoy cristiana sepultura. No fueron muchos los asistentes a su funeral. Apenas unas veinte personas, según se informó en la radio.
Su madre y supuesta verduga aguarda tras las rejas en San Pedro Sula. Y decenas de hondureños, dentro y fuera del país, aguardan también a que se le haga justicia. Descanse en paz Nahomi Michell.