Honduras
Una nube de misterio cubría ayer el crimen de una pareja ocurrido en un sector de la colonia Las Ayestas de Comayagüela, sin que los cuerpos de investigación policial conozcan los móviles del sangriento suceso ni la identidad de los malhechores.
Las víctimas son Javier Antonio Reyes Ochoa, de 28 años, originario de Choluteca, y su compañera de hogar Martha Leticia Zepeda, de 36 años, residentes en el lugar donde ocurrió el crimen.
Los dos fueron ultimados a balazos en el interior de un cuarto de su casa de habitación, pero nadie dio a conocer los pormenores del hecho criminal ni características de los responsables.
El doble crimen
Eran las 2:30 de la tarde cuando la Policía recibió la denuncia en relación a la muerte de los infortunados, por lo que de inmediato se movilizaron varios agentes en una patrulla a verificar la información y encontraron los cuerpos inertes tendidos en el piso de la vivienda.
Un equipo de la Unidad de Análisis de la Jefatura Metropolitana 3 se desplazó al lugar a realizar las averiguaciones preliminares con el fin identificar y capturar a los criminales, pero los vecinos se mostraron herméticos, aparentemente, por temor a correr la misma suerte de la pareja.
Por la posición en que quedaron los cuerpos se presume que los infortunados se encontraban acostados en el piso debido al fuerte calor y, de repente, llegaron unos desconocidos y les dispararon matándolos en el acto.
El cadáver de Martha Leticia quedó en la entrada de la habitación, mientras que el de Javier Antonio en el centro sobre una sábana blanca.
Empleados del Ministerio Público y un equipo de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC), se presentaron pocos minutos más tarde a realizar el reconocimiento legal de los cadáveres y a realizar las averiguaciones del caso a fin de establecer los móviles.
Se conoció que en la escena del crimen se encontraron casquillos de bala calibre 9 milímetros y otras evidencias que fueron levantadas por técnicos del cuerpo policial para ser analizadas en los laboratorios balísticos.
El levantamiento de los cuerpos se realizó en un ambiente de llanto y consternación de parte de familiares de los dos fallecidos, residentes de la zona y amigos cercanos.
Las autoridades competentes realizaron el reconocimiento legal de los cadáveres y los trasladaron a la morgue de Medicina Forense para practicarles la autopsia.
Los dolientes no lograron especificar la hora en que se registró el doble crimen, porque nadie se atrevió a informar de que en el interior del inmueble se escucharon varios disparos y, posiblemente, vieron salir a los autores materiales.
Quien se percató primero de la tragedia fue una hija de la pareja, quien había salido de la casa y regresó, porque llamó por teléfono a su progenitora y nadie le contestaba, según relató un testigo.
“Aquí la gente puede ver que matan a una persona y nadie se atreve a decir nada por temor”, expresó un pariente de Zepeda.
Las hipótesis preliminares
Una fuente policial confió que por las características del crimen se presume que podría tratarse de un ajuste de cuentas, lo que está en proceso de investigación de parte de un equipo de la Sección de Homicidios de la DNIC.
No se logró establecer a qué tipo de actividades se dedicaban las víctimas, ya que los dolientes se mostraron herméticos a brindar información.
Lo único que se supo es que Reyes Ochoa era motorista de vehículos que, generalmente, lo miraban desplazarse en una motocicleta y que era jovial con los moradores.
El lugar donde sucedió el crimen es considerado como una “zona caliente” donde integrantes de maras cometen fechorías a plena luz del día y protagonizan riñas que mantienen en zozobra a los residentes.