Honduras
Prefirió morir arropado por las llamas que soportar el abandono de su mujer, pero lo más lamentable es que también terminó con la existencia de su hija de 3 años, tras incendiar la habitación donde dormían.
El joven campesino José Raúl Matamoros, de 20 años y la niña Yarlin Matamoros Ortega, perecieron carbonizados el domingo a las 8:00 de la noche en el caserío El Guanijiquil, Linaca, Tatumbla, Francisco Morazán, en un trágico incidente de índole pasional.
La tragedia
Matamoros no fue capaz de asimilar el desamor y la traición de su compañera de hogar Regina Ortega. Ella se marchó él sábado de su casa y lo dejó solo con su hija, por lo que la tarde del mismo día se trasladaron a la vivienda de sus padres ubicada a poca distancia.
Padre e hija se instalaron en un cuarto construido de madera en donde pasaron la primera noche con normalidad sin despertar ni la mínima sospecha del macabro plan, según relató su padre José Calazán Matamoros.
El domingo, a las 8:00 de la noche el muchacho se despidió de sus familiares, se encerró en la habitación con la pequeña Yerlin y todos se imaginaron que iban a dormir.
Minutos más tarde el reducido inmueble comenzó a arder en llamas de manera inesperada, ya que en la zona caía una tormenta.
La familia sospecha que José Raúl derramó un combustible que, inexplicablemente, guardaba en un rincón y le prendió fuego con la intención de quitarse la vida.
Tras darse cuenta de lo que pasaba, varios miembros de la familia trataron sofocar el incendio con cubetas llenas de agua y abrir la puerta para rescatarlos, pero los esfuerzos resultaron infructuosos.
“Yo le pegué tres patadas a la puerta, pero no la pude abrir, cuando miré el incendio quise apagarlo y tampoco pude, él estaba encerrado”, expresó don José Calazán.
Entre los escombros solo quedaron los dos cuerpos calcinados, luego sacados por los dolientes y horas más tarde llegaron las autoridades competentes a realizar el reconocimiento legal.
Agentes de la Sección de Homicidios de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC) iniciaron las averiguaciones orientadas a determinar si hubo mano criminal o si en verdad se trató de un suicidio.
El padre de José Raúl y abuelo de la niña, culpó de lo ocurrido a Ortega, por lo que pidió a las autoridades que le deduzcan la responsabilidad del caso.
“Los dos se murieron, creo que ella (Regina) tiene que pagar por eso ante la justicia”, agregó el señor Matamoros.
Otro pariente confió que, aparentemente, la mujer mantenía una relación extra marital y que “me comentaron que ya no quería tener mando de su marido”.
No se quiso salir
Estebina Matamoros, hermana del infortunado, relató que “yo le supliqué diciéndole Rául salite, no te quemés, pero él me contestó.. ‘no me estoy saliendo’ y fue lo único que escuché, porque después no oí nada más”.
Prosiguió que su hermano ya estaba decidido a morirse, porque cerró bien la puerta y, que, a pesar de que la habitación estaba cubierta por las llamas no hizo el intento de salir ni de salvar a la niña.
* Misterio: Los cuerpos policiales trataban ayer de dar con el paradero de la señora Regina Ortega, quien no se apareció por la morgue de Medicina Forense a pesar de que su hija y su compañero de hogar habían fallecido.