Honduras
Es un ser humano al que se le han violado sus derechos. En los últimos años se le ha condenado a vivir como un animal, pues sus familiares se muestran incompetentes frente a su padecimiento.
Nació hace 24 años y fue bautizado con el nombre de Luis Alonso Ramirez, el mayor de tres hermanos. Para él no han existido los tratamientos en centros especializados y fue condenado a vivir sin amor hasta por sus propios padres.
Su tía Blanca Valladares es la única persona que se hizo cargo de su alimentación y aseo, pero ante la falta de recursos económicos y conocimiento de cómo tratarlo, fue creciendo sin los cuidados que requería para su condición de persona especial.
Días atrás, Luisito tan solo era conocido por sus vecinos, hasta que el pasado jueves una llamada anónima alertó a las autoridades sobre las condiciones en que se encontraba.
La falta de respeto por la dignidad humana y la vida de los demás quedó al descubierto al momento en que Luisito llegó a la sala de Medicina Interna del hospital Escuela, luego de que las autoridades de investigación dieran la orden de su traslado.
Y es que los médicos residentes e internos que se encontraban de turno, sin practicarle ningún examen, enviaron de nuevo a casa a Luisito.
Las autoridades de la Fiscalía de Derechos Humanos tampoco estaban presentes para interceder y que el paciente pudiera ser asistido.
Negligencia e indiferencia
EL HERALDO en las primeras horas de ayer, con la intención de conocer la situación de salud de Luisito, comenzó la búsqueda en el interior del hospital Escuela cerca de las 10:00 de la mañana. Al principio se trató de ubicarlo a través de llamadas telefónicas a cada una de las salas del centro asistencial donde posiblemente estuviera interno.
La búsqueda, al final de varios minutos, resultó infructuosa, por lo que se decidió visitar sala por sala. Al llegar a la emergencia se nos informó que no tenían en registro al paciente; luego, en el área de Medicina Interna nos aseguraron que había sido internado en el hospital Psiquiátrico Mario Mendoza, donde corroboramos que no había sido ingresado.
Una vez más retornamos el principal centro asistencial; el cuarto, quinto y sexto piso fueron visitados sin poder dar con el paciente. Para ese momento eran las 12:30 del mediodía, por lo que decidimos buscar a los familiares. Al llegar a la casa, ubicada en la colonia San Francisco, recibimos la sorpresa de que Luisito se encontraba en el mismo lugar de donde había sido rescatado por las autoridades luego de prometieron que se encargarían de protegerlo. Además nos informaban de la forma en que había sido atendido Luisito y que lo único que le habían recetado era acido fólico y sulfato ferroso, pero no le practicaron ningún examen médico.
Rescatado de nuevo
Aún no terminábamos las entrevistas con los familiares, quienes nos explicaban que en los últimos dos meses Luisito ha presentado diarrea y vómitos, situación que ha desmejorado su salud, cuando llegaron una vez más los agentes de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC) para trasladarlo nuevamente para el hospital Escuela. Una ambulancia del cuerpo de Bomberos llegó dos horas después con la finalidad de trasladarlo por segunda vez hacia el centro asistencial.
En brazos fue sacado de la ambulancia por un agente bomberil e introducido a la sala de Medicina Interna del hospital Escuela; para nuestra sorpresa, salieron varios médicos en proceso de formación y se opusieron a que el paciente fuera dejado en el lugar, pese a que necesita asistencia médica.
Insultos
Al observar lo que ocurría nos introducimos a la sala para verificar el hecho, sin imaginar que los gritos y los insultos llegarían de quien menos se espera.
Las agresiones verbales hacia nosotros no nos causaron indignación, pero sí la forma en que se refirieron al paciente, pues aseguraron que no era "casa de engorde ni asilo para recibirlo".
En ese momento comenzó la discusión y la lucha porque se respetaran los derechos del enfermo.
Una doctora se nos acercó para hacernos saber que debíamos abandonar la sala y que no se atendería al paciente, con la excusa de que los familiares lo que deseaban era dejarles la custodia de Luis, sin tomar en cuenta que las autoridades eran las que demandaban que se le atendiera.
De no ser porque decidimos buscar ayuda con el director del hospital, Juan Barahona, el vigilante de la sala nos hubiera sacado por la fuerza, ante la petición de los estudiantes de medicina que aún no han reconocido su vocación como profesionales de este campo.
El director del hospital fue informado de la situación, pero también se negó a acudir a verificar lo que sucedía. Sin embargo, se logró que otra trabajadora de la salud abogara porque se le practicarán algunos exámenes a Luisito. Por otra parte, los fiscales de Derechos Humanos en horas de la tarde aseguraron que levantarían un oficio con lo sucedido; lo bueno sería deducir responsabilidades, esto debe ser tomado en cuenta por el ministro de Salud, Mario Noé Villafranca.
Falta de apoyo de hospital Escuela indigna a autoridades
La inspectora Fátima Ulloa se mostró indignada por el rechazo hacia el paciente de personal del hospital Escuela. "Estamos sorprendidos de que el joven Luis Ramírez halla sido entregado de nuevo a sus familiares y que de nuevo halla sido enviado a una jaula construida en el patio de su casa", dijo.
Ante esto, la fiscalía y la DNIC procedieron de nuevo a rescatar al joven y llevarlo otra vez al centro asistencial; "esperamos que las autoridades del hospital Escuela nos apoyen brindando la atención inmediata a este joven", advirtió Ulloa.
La jefa del departamento de delitos especiales dijo desconocer las razones o motivos que tuvo el personal del hospital para devolver a la víctima a sus familiares. "Nosotros estábamos seguros de que iban a brindarle la atención que se requiere en este caso, como es el problema de desnutrición, por lo menos una semana para rehidratarlo, pero prefirieron deshacerse de él", dijo. Ayer en horas de la tarde, el joven fue llevado de nuevo al principal centro asistencial.
* Derecho: En el capitulo VII de la Constitución de la República, en los artículos del 145 al 150, aparecen los derechos que debemos gozar los hondureños en cuanto a la salud.
Dramática historia
La única palabra que pronuncia es "mamá"
Es un niño de 24 años, pero su cuerpo casi esquelético le hace ver como un anciano. Se llama Luis Alonso Ramírez Valladares.
El patio trasero de la casa 3018, ubicada en la colonia San Francisco de la capital, es su hogar.
El lugar es una pendiente inclinada donde tan solo lo acompañan unos cuartos de madera a punto de caer y dos frondosos árboles, uno de aguacate y el otro de guayabo. Además de una pila y un baño sin repello.
A su alrededor solo hay restos de basura y para descansar utiliza una cama forrada de tablas, como una especie de corral. No asistió a la escuela, tampoco creció en compañía de sus padres, pues su papá -al conocer que era un niño especial- prefirió abandonar a toda la familia.
Su madre, en busca de mejores condiciones para él y sus dos hermanas menores, emprendió el camino hacia Estados Unidos hace 17 años y nunca más regresó para asistirlo.
Cariño
Para comunicarse apenas hace un ruido con su garganta y para entender a los demás apenas aprendió a descifrar algunas señas, debido a que no escucha.
Para llamarlo a comer o decirle que es hora de dormir, sus familiares le indican con las manos. La única frase que aprendió a pronunciar de niño fue mamá, palabra que expresa al ver a su tía Blanca Valladares, quien se encargó de cuidarlo.
El cariño que ambos padres le han negado ha marcado la vida de Luisito, al grado que si algún extraño se le acerca se muestra agresivo, pero si le dan un beso, se muestra feliz.
La actitud de rechazo la fue adquiriendo en la calle, según los familiares, debido a que hasta hace unos dos años atrás él podía caminar y se escapaba a los barrios vecinos. En sus escapadas encontradas toda clase de actitudes por parte de extraños, desde personas que lo bañaban y lo aseaban hasta quienes agredían.
La última vez que se escapó regresó con lesiones en su cuerpo, pues le rociaron agua caliente. Y es que, pese a no saber hablar y escuchar, conoce a la perfección la casa de sus parientes, por lo que siempre regresaba.
Salud
Las condiciones en las que vive Luisito en la actualidad han facilitado que su salud desmejore, al grado que muestra desnutrición severa.
Gabriela Ninoska Ramírez, hermana menor de Luisito, explicó que hace dos meses presenta diarrea y vómitos, y aunque le han buscado asistencia, su salud cada vez empeora más.
"Yo quiero mucho a mi hermano y le prestamos cuidados, pero no tengo los recursos económicos para internarlo; lo que más quisiera en la vida es verlo saludable, pero para eso necesitamos ayuda", dijo Gabriela.