Honduras
El fin de semana un silencio sepulcral se extendió por todo El Palmital; una remota aldea en el municipio de Meámbar, Comayagua. La muerte dejó sumidos a todos en un profundo dolor.
Nadie imaginó que el viaje que la familia Rivera Flores planificó hacia Lajas para ir al velatorio de su pariente Antonio Flores Rivera terminaría de forma trágica.
Ni cinco kilómetros había avanzado el pick up conducido por Julio Rivera cuando volcó y llenó de tragedia a la comunidad; 13 personas entre niños y adultos perdieron la vida.
Fue una noche que no olvidará El Palmital y que marcó la vida de la familia Rivera Flores. Todos perdieron a una madre, a un hijo, sobrino, tío, primo o nieto. El pueblo enmudeció, las lágrimas en sus rostros reflejaban el interminable dolor.
En el centro de El Palmital la gente iba y venía, todos entraban y salían de los tres lugares donde velaban a los fallecidos.
Los féretros de Lidia Rivera (73) y su nieto Eduardo Rivera, 9 años, fueron velados en la iglesia católica. Mientras los cuerpos de Juana Flores (88), María Engracia Oseguera (55) y Marta Alicia Rivera (39) se ubicaron en la pequeña sala de la que fue su casa.
Perdió a toda su familia
Al final de la calle principal en una humilde vivienda Nazario Bardales sufría en silencio. El hombre veló a su esposa Nolvia Guillén (23) a sus hijos Eduardo Jonathan (7) y Laura Marleny Bardales Guillén, de 18 meses, y a su nieto Yecson Eleazar Carranza Bardales (2), quienes fueron ubicados en un solo ataúd.
Con su voz entrecortada decía: “No hay palabras, perdí a mi esposa, mis dos hijitos, mi nieto y mi suegra. Es un dolor insoportable, ellos iban al velorio de un tío, yo me quedé para cuidar la casa, mi hijo Nazario, de 10 años, se salvó porque se tiró del carro. Es una tragedia, pero tengo a Cristo en mi corazón y por fe sé que mis hijos son salvos”, manifestó Bardales.
A la casa de Nazario se volcó la mayor parte del pueblo. El hombre, acompañado de su madre e hijo, estaba impactado. El único hijo que le sobrevive lloró amargamente aferrándose a los que partieron y buscando consuelo en su padre.
En la comunidad no había luz, apenas las velas que alumbraron los féretros extendían su resplandor a la calle para que los familiares, amigos y vecinos tuvieran una guía en el oscuro camino.
Esa luz tenue fue testigo del llanto y el dolor de todas las familias que se mantenía unidas en medio de la tragedia.
En horas de la noche la angustia fue en aumento cuando se informó de la muerte de Iris Azucena Bautista (24), Salomón Rivera (89) y Julio Rivera (36), elevando a 13 la lista de fallecidos.
Ayer a las seis de la mañana, los trece ataúdes desfilaron por lo que una vez fue su morada. Cuando la luz del sol comenzaba a salir, el frío de la mañana se hizo sentir porque el calor de un pueblo acompañó a la familia camino al cementerio general.
Un oficio religioso envió un mensaje para fortalecer a la familia. Lejos quedaron los sueños y planes de los hombres, mujeres y niños que perdieron la vida.
Después, uno a uno fueron ubicados en las fosas los ataúdes y con flores sus parientes les dieron el último adiós.
Todos regresaron con un vacío, pero con la esperanza que partieron a una vida mejor. El Palmital está de luto, marcado por una tragedia que cambio su historia.