Honduras
En medio del dolor, la indignación y la condena familiares, compañeros y el pueblo en general dio el último adiós a los malogrados comunicadores sociales José Bayardo Mairena Ramírez, de 52 años, y Víctor Manuel Juárez, de 55 años.
Las exequias de los comunicadores se dieron un día después que fueran asesinados en una emboscada, en lo que ha sido considerado como un nuevo golpe a la libertad de expresión y el derecho a la información.
Los cadáveres fueron conducidos al cementerio de la localidad la tarde de ayer después de un oficio religioso en la catedral de Juticalpa.
Escenas desgarradoras de dolor y consternación se vivieron al interior de la catedral durante la misa de cuerpo presente que ofició el cura párroco de la localidad, Fernando Velásquez.
El templo católico lució abarrotado de personas que asistieron a la misa a eso de las 3:00 de la tarde. Los padres, compañeras de hogar, hijos y demás parientes lloraban desconsoladamente la muerte de sus seres queridos.
Mairena y Juárez fueron asesinados a balazos la mañana del viernes 26 de marzo en la carretera que de Juticalpa conduce a Catacamas, precisamente por el desvío a la aldea La Empalizada, donde tiene su hacienda el presidente Porfirio Lobo Sosa.
Paren la violencia
“A nombre de Dios les suplico de rodillas a los responsables intelectuales y materiales de la violencia, paren ese daño terrible, insensato y cruel en contra del pobre pueblo olanchano”.
“Por favor, hermanos cristianos, ya dejen de matar gente, que no vamos a lograr nada con la violencia, solo genera más violencia y llena de luto y dolor a las familias de las víctimas y la población en general”, clamó en un tono desesperado el padre Fernando Velásquez.
Por su parte, en manifiesto público, la Asociación de Estudiantes de Periodismo del Centro Universitario Regional Nororiental (Curno), lamentó la muerte violenta de los comunicadores sociales.
También exigieron a las autoridades pertinentes esclarecer en el menor tiempo posible el doble crimen en contra de los periodistas, quienes no tenían enemistades personales, según sus familiares.
Los estudiantes universitarios coincidieron en la obligación que tienen las autoridades competentes de clarificar los crímenes e impartir justicia a los responsables intelectuales y materiales del hecho.
José Enrique Carías, coordinador de los estudiantes de periodismo, afirmó que “los asesinatos son interpretados como preaviso que pretende silenciar a la comunidad que se manifiesta a través de los periodistas, cada vez que reclaman por derechos más justos y equitativos de parte de sus autoridades”.
Por su parte, el director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), Miguel Martínez, lamentó la muerte violenta de los comunicadores, estimando que “es preocupante que en los últimos cinco años al menos una decena de periodistas fallecieron de forma violenta en Honduras y los responsables de esos crímenes continúan en libertad sin pagar los delitos”.
Martínez recordó a Carlos Salgado, muerto hace tres años en Tegucigalpa, al igual, que tres directores de medios en la zona occidental del país y los más recientes, dos en la zona norte, uno en la zona central y los dos últimos en Juticalpa.