Honduras
El "crimen imperfecto" cometió un celador que acabó con la vida de un pasajero de un bus y se quedó con parte de las evidencias del hecho, que ahora son usadas por la Fiscalía para enjuiciarlo.
Resulta que Seferino Barahona, de 40 años, iba en el bus de la ruta Tegucigalpa-Santa Bárbara y cuando se aproximaba a la capital, a unos 500 metros de la gasolinera Dippsa, en El Carrizal, se paró y disparó contra Luis Edgardo Herrera.
La víctima iba en el primer asiento, al lado de la ventana.
El tiro le dio en la sien a Herrera y salió por el vidrio frontal del automotor placa AA 686741.
La víctima quedó sentada e inclinada con la cara hacia el suelo, y sobre sus pies había una enorme cantidad de sangre y sesos.
El criminal recogió el casquillo y luego de que el bus recorriera unos 200 metros tras el hecho, este pidió al chofer que lo dejara bajar simulando que estaba herido de la cabeza.
Luego, en veloz carrera salió rumbo a la colonia Ulloa, donde se topó con un operativo policial. Los agentes estaban alertados de la posible huida del homicida, por lo que requirieron a Barahona al verlo sospechoso.
Al revisarlo se le decomisó el casquillo de la bala que usó para quitarle la vida a Herrera, así como el boleto que recibió la víctima como comprobante de pago del bus.
No se indicó si se le decomisó el arma homicida. Tras su aprehensión fue llevado a la posta de Belén, donde declaró ser vigilante y vivir en la colonia Las Torres.
Se intentó entrevistar al indiciado en la posta, pero un señor que se identificó como defensor público evitó que se le hicieran preguntas, porque alegó que eso violentaba su derecho a ser considerado inocente.
El conductor de la unidad, que no dio su nombre, aseguró que Luis Herrera abordó la unidad en Siguatepeque, pero que no recuerda dónde lo hizo el victimario.
Indicó que confundió el sonido del disparo con una pedrada y que no se detuvo en ese momento porque creyó que se trataba de alguien que lanzó ese cuerpo sólido para que frenara y asaltar a los pasajeros.
Sin embargo, luego escuchó gritos de los otros pasajeros y al encender la luz vio el cuerpo ensangrentado de Herrera.