Honduras
La presencia en el país de Jacqueline Tarsa LeBaron, de 44 años, no estuvo marcada por el total anonimato a pesar de que existía una alerta de búsqueda internacional en su contra como sospechosa de cometer cuatro homicidios en Estados Unidos.
Por esta causa fue capturada el pasado jueves en este municipio de El Paraíso.
La evidencia más clara es un permiso provisional por un término de 90 días que le extendió la Dirección General de Migración y Extranjería el 12 de junio del 2006 para que permaneciera de manera legal, ya que tenía en proceso una solicitud del estatus por razones humanitarias, aunque no existe un antecedente sobre su ingreso al territorio.
La heredera del liderazgo de una secta polígama era buscada por el FBI hace 18 años hasta que finalmente fue localizada en Morocelí, detenida y trasladada de inmediato a Estados Unidos.
La fecha, el año y las condiciones de su llegada al territorio hondureño siguen siendo un misterio.
La información que ha trascendido es que recorrió varios lugares, entre estos, Santa Bárbara e Intibucá, de donde se trasladó a la capital para fijar su domicilio en la colonia Villa Nueva con su supuesto hijo, que ahora tiene 13 años de edad.
Las circunstancias de la vida llevaron a LeBaron hasta Morocelí hace unos tres años.
Ahí recibió la hospitalidad de una familia encabezada por el profesor y actual regidor de la alcaldía municipal Jorge Ramón Herrera y su esposa, la enfermera Sandra Yesenia Quiroz, quienes le acondicionaron una casa que tenían desocupada en el barrio El Campo.
La pobreza marcó la estadía de LeBaron en la localidad. Vivía más de la caridad de esta familia, que de una fuente de trabajo, que nunca quiso buscar.
Aparte de un techo, también recibía alimentación gratuita y otro tipo de apoyo que solo personas caritativas son capaces de compartir con los necesitados y, mucho menos, cuando se trata de desconocidos.
Pasó los últimos 10 días en una pequeña covacha que Herrera le construyó con tabla de orilla y techo de zinc en un espacio del solar de la casa que le ocupó preliminarmente, pues era urgente realizar unas reparaciones para evitar un accidente que pusiera en peligro la integridad física de los dos huéspedes.
Entre el misterio que LeBaron ocultaba de su pasado oscuro, sobresalían cualidades extraordinarias que ponían a trabajar la imaginación hasta de los campesinos más humildes, quienes llegaron a la conclusión que no se trataba de una "gringa común y corriente", aunque a nadie se le cruzó por la mente que podía tener antecedentes criminales de tal magnitud.
Los pobladores se resistían a creer lo que leyeron en los periódicos el sábado en horas de la mañana. Nunca se imaginaron que en el interior de una mujer miserable y desdichada, pero inteligente, existía un pasado rodeado de crímenes.
En el dormitorio de Jacqueline Tarsa quedaron muchos escritos que son testigos mudos de su inteligencia y capacidad.
Jacqueline es hija de Ervil LeBaron, quien murió en una prisión en Utah en 1981. Ervil fue capturado por la muerte de su hermano Joel, en una supuesta disputa por el liderazgo de la secta polígama creada por su padre.
Las autoridades creen que Ervil decretó en un libro que cualquier miembro que abandonara la secta debía morir. Desde prisión, se cree que ordenó la muerte de unas 25 personas.
Jacqueline es investigada por la comisión de al menos cuatro homicidios ordenados por su padre, en Texas.
Su quehacer
Su benefactor en Honduras, Ramón Herrera, relató que la mayor parte del tiempo la ocupaba para leer y escribir textos de inglés que fueron de utilidad para los estudiantes de primaria y secundaria, así como otros que son de importancia por el contenido.
En un afán de ayudarle, le dieron oportunidad en el centro básico de la comunidad de El Plan para que impartiera la clase de inglés, actividad que desarrolló durante dos semanas.
Participaba en actividades de la comunidad, porque compartía buenas ideas.
Los planes de esta mujer no fueron quedarse en Morocelí, sino que trasladarse a la montaña de El Chile, ubicada a más de 27 kilómetros al norte, en donde viviría aislada, según comentó el profesor Herrera.
El señor Exequiel Ávila es un residente de la aldea El Plan y reveló que siempre comentaba con sus hijos de el "porqué esta gringa vive tan hecha leña, si es de Estados Unidos, eso me ponía a pensar yo".