Honduras
A los pocos meses de nacido perdió a su madre biológica y los primeros cinco años de su vida los vivió junto a su abuela.
La vejez llegó y la anciana, en su lecho de muerte, se lo entregó a la única mujer en quien ella confiaba: Bertha Zúniga, una mujer que asistía a la iglesia y que amaba a las personas sin importar de quien se tratara. Ahora José Galindo perdió a su tercera madre, quien falleció en el accidente ocurrido la madrugada del 20 de marzo en Santa Rita, Yoro.
José es estudiante del instituto Jesús Milla Selva de la colonia Kennedy, hasta donde llega desde la colonia Los Pinos todos los días caminando debido a la falta de dinero.
Su sueño de graduarse el próximo año es más grande que el cansancio del trayecto que a diario le toca recorrer.
"Para mí fue una bendición, yo estaba con mi abuela a los cuatro años y (mi mami Bertha), ella me aceptó, por que mi abuela le dijo que era la única persona en la que me confiaba, ni a mi familia me quiso confiar, entonces para mí fue lindo porque ella me enseñó muchas cosas que todavía las tengo presentes".
Para mí fue lo máximo, agregó, como que haya tenido a mi mami de vuelta, pero lastimosamente ya no la puedo ver ni abrazar y menos besar.
Desde que mi madre murió, para mí ha sido difícil, relata el joven estudiante, quien también sobrevivió al accidente. Ha sido difícil porque siempre y aún en el colegio con quien más me llevaba era con ella, siempre me apoyaba en todo, en la iglesia, en los retiros, en todo me apoyaba, ha sido difícil, pero con la fuerza que le da Dios a uno, sigue adelante. Estoy estudiando segundo de comercio, pero en esta situación como ha estado crítica la economía aquí (en la casa), me he estado yendo y viniendo a pie porque ya mi papá afronta mucho porque tiene que darnos de comer y a la niña tiene que darle sus implementos para que vaya a la escuela.
Ha sido difícil porque muchas cosas las perdí como los exámenes, que tuve que volverlos hacer, pero con fuerza hay que salir adelante.
Para mí fue doloroso, pero gracias a Dios estaba mi tía siempre, a mí me dolió no verla, porque cuando yo abrí los ojos en el hospital solo quería ver a mi mamá y a mi hermano y a ella no la pude ver.
Es duro el golpe pero hay que tratar de entender que esa persona siempre está en el corazón, no dejarla atrás y en todo lugar que uno ande ahí va andar ella.
José, al igual que su hermano, es parte del grupo juvenil de la parroquia Madre Dolorosa, a la cual asisten porque su madre les inculcó el amor a Dios desde que ellos eran niños.