Honduras
Mario Roberto Alberto no podía creer que su hijo del mismo nombre, de apenas 15 años, estuviera muerto. Llegó aún con vida al hospital Mario Catarino Rivas, pero a los pocos minutos los médicos lo declararon muerto.
Las esperanzas de su padre se perdieron y el dolor se apoderó de aquel hombre que durante casi diez años también laboró en la zapatería donde ahora fallecía su hijo.
"Era mi orgullo, era mi hijo. Era un niño, por qué me lo mataron, Dios Santo, pido fortaleza", fueron las palabras que entre lágrimas pronunciaba Mario al saber que su pequeño se sumaba a la lista de fallecidos.
El adolescente Mario Alberto desde los 12 años había llegado a la zapatería, llevaba tres años trabajando y apoyaba a su familia en los gastos de la casa.
Su sueño era estudiar y un día entrar a la universidad, pero este fue frustrado por las balas asesinas que desconocidos lanzaron sobre todos los empleados de la zapatería.
Abuela llora a su nieto
En una de las bancas de la emergencia del hospital Mario Catarino Rivas estaba la abuela de Júnior Cardona, de 18 años, otra de las víctimas de la masacre.
Doña María no cesaba de llorar; su nieto, el que la sostenía, había muerto.
En silencio guardaba su dolor y las pocas palabras que pronunció fueron para destacar las virtudes de aquel joven que fue su soporte.
"Qué dolor. Mi nieto lindo se fue. No tiene nombre lo que han hecho con los 20 muchachos que trabajaban en la zapatería. Su delito era ganarse el pan trabajando honradamente. Ya nadie respeta nada, estamos desamparados", manifestó la mujer.
A su lado, las sobrinas de Júnior, de 3 y 5 años, acompañaban a su abuela con llanto. Las niñas no entendían qué pasaba, pero también lloraban.
Clínica Ochoa
En la clínica Ochoa también se vivieron momentos de angustia.
Ahí falleció Carlos Pineda, de 32 años.
En la escena del crimen, Reina Pineda, tía de Carlos, explicó que entre las víctimas también estaba Pedro, hermano del primero.
"Eran dos jóvenes provenientes de Copán. Pedro residía en los bordos de Agua Azul y deja tres niños pequeños. Era miembro activo de la Iglesia Católica del sector. Carlos residía en la colonia Ramos, que queda en el sector del Ocotillo. Estaba recién casado y sin hijos. Se congregaba en una iglesia evangélica de esa zona".