Honduras
La tarde transcurría con normalidad y la jornada de trabajo estaba por finalizar sin que nadie percibiera la tragedia que se avecinaba.
Dieciocho zapateros murieron al ser atacados a mansalva por varios asesinos. Solo uno sobrevivió y se debate entre la vida y la muerte.
Una nutrida balacera irrumpió en un taller de zapatería, ubicado en el barrio Flor del Valle, entre las colonia Valle de Sula y Cabañitas, en la zona norte de Honduras.
En el taller, al que se accede por un portón negro vehicular de dos hojas, ubicado contiguo a la tortillería Los Hermanos, había 19 personas: Todos varones adolescentes y adultos de mediana edad. En término de segundos el local quedó manchado de sangre y los cuerpos inertes de varios muchachos tendidos sobre el piso.
Testigos de la barbarie fueron las paredes mugrientas, tapizadas con poster de Barcelona, las selecciones de Brasil, España y una que otra esbelta mujer de las que sale en los periódicos sabatinos.
De los obreros, 13 expiraron al instante, mientras que seis fueron trasladados a centros hospitalarios de esta ciudad en un intento de salvarles la vida. A los minutos, las autoridades informaron que había cuatro decesos en el Mario Catarino Rivas y uno en la clínica Ochoa.
Las múltiples heridas que recibieron en diferentes partes del cuerpo no les permitieron sobrevivir y solo uno fue ingresado al quirófano, pero su estado era de pronósticos reservados.
El atentado criminal
Testigos temerosos afirmaron haber visto que dos hombres entraron al local con armas AK-47.
Sin mediar palabra dispararon a mansalva contra todos los trabajadores del taller, propiedad del señor Miguel
Alas, ubicado entre la 14 y 15 avenida, 24 calle de la ciudad.
Los obreros cortaban el cuero, costuraban o pegaban las piezas cuando fueron sorprendidos por los criminales. A ninguno le quedó tiempo de correr o esconderse.
La escena del crimen muestra que todos los obreros murieron en los puestos asignados de trabajo. Vecinos comentaron que esta era una de las zapaterías más grandes. Todo el calzado que ahí se fabricaba era de mujer. Los malhechores abandonaron la escena sin que ninguna autoridad hubiera logrado alguna captura a elevadas horas de la noche de ayer.
Paramédicos de los cuerpos de socorro se movilizaron al lugar de la matanza, pero únicamente encontraron con vida a cinco de los infortunados, por lo que procedieron a llevarlos de inmediato a centros hospitalarios.
"Cuando nosotros llegamos vimos un cuadro dantesco, solo se pudo utilizar una ambulancia porque ya no se podía hacer mucho", expresó un paramédico de la Cruz Roja.
Equipos de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC) y de los otros cuerpos policiales se presentaron a la escena del crimen para realizar las averiguaciones preliminares.
Mientras tanto, los altos mandos policiales ordenaron implementar la operación "cierre de ciudad" con el objetivo de interceptar a los criminales.
Por su parte, técnicos especialistas en escena de crimen procedieron a realizar la requisa en el lugar, en busca de evidencias que conduzcan a los investigadores a dar con los responsables.
Un agente de la DNIC comentó que la escena era indescriptible y que resultaría extremadamente difícil realizar el levantamiento de los cadáveres, por lo que la actividad se prolongaría durante varias horas.
El fiscal y el perito forense de turno del Ministerio Público se apersonaron minutos más tarde a realizar el reconocimiento legal de los cadáveres para establecer la cantidad de disparos que recibió cada una de las víctimas y el tipo de arma que se utilizó.
El saldo fatal de la matanza hasta anoche era de 18 familias enlutadas, la mayor parte residentes en la zona.
Uno de los primeros fallecidos en ser identificado fue el joven Jimmy José Fúnez, quien, según los dolientes, desde que era niño comenzó a laborar en la zapatería. Ayer salió de su vivienda a las 7:00 de la mañana para cumplir con sus actividades diarias.
En la balacera pereció el hijo del dueño del taller de nombre Franklin Alas, de 25 años, según confirmó la Policía.
La zozobra y la impotencia se apoderaron de los moradores que rodearon el inmueble donde yacían los cuerpos. Lamentaron que solo en la última semana se han registrado tres masacres, casi en el mismo sector.
Escenas conmovedoras
El cuadro era conmovedor. Madres desesperadas, así como esposas e hijos de los obreros, llegaron a la escena tras conocer la información para percatarse de la situación de sus parientes.
"Mi hijo, me mataron a mi hijo", exclamaba entre el llanto una desesperada madre.
Otras mujeres se abrazaban y hacían fallidos intentos por ingresar al local con la esperanza de que sus parientes aún estuvieran con vida y lo mismo hicieron varios miembros de las familias dolientes. Policías preventivos acordonaron el área para evitar que el ingreso de los curiosos y dolientes contaminara la escena del crimen.
A las 6:30 de la tarde llegaron al lugar unos familiares de un joven de la raza negra identificado como Denis Mauricio Mejía, de 19 años, originario de Iriona, Colón, quien, según dijeron, laboraba en la zapatería.
La Policía reveló que, al parecer, los malhechores utilizaron armas con silenciadores, lo que hace sospechar que se trata de un pleito de bandas ligadas al crimen organizado.
Las hipótesis
Varios equipos de la DNIC y de la Unidad de Análisis de la Policía Preventiva trabajaban en las investigaciones con el fin de establecer los móviles del múltiple hecho sangriento.
La hipótesis preliminar que manejaba anoche la Policía es que la matanza podría ser el resultado de una pelea entre las dos maras que operan en la zona, o disputa de territorio de distribución de drogas.
Así lo expresó el subcomisionado Héctor Iván Mejía Velásquez, quien agregó que el caso sigue en un proceso de investigación. Otro alto oficial consideró que la zona es caliente por el tráfico de drogas y porque las pandillas tienen establecidos sus territorios.
Hasta anoche los cuerpos policiales no tenían pistas claras sobre los autores materiales del sangriento ataque, ya que los vecinos se sentían atemorizados para brindar información sobre lo ocurrido