Honduras
El intento por salvarles la vida fue infructuoso, al menos para cuatro de las ocho personas que fueron acribilladas ayer en San Pedro Sula y posteriormente trasladados a centros asistenciales de la ciudad.
Cinco de las vÃctimas de la masacre en el campo de fútbol fueron referidas al hospital Mario Catarino Rivas a eso de las 3:30 de la tarde. Solo uno, de nombre Jorge, logró llegar con vida y anoche se debatÃa entre la vida y la muerte.
Los heridos fueron trasladados en un camión pequeño, donde fueron certificados como muertos al llegar al hospital público, por lo que no fueron bajados para esperar a los forenses. Las vÃctimas son José Adonis López Vega, 29; Héctor Antonio Murillo, 60; Santos Casimiro Cano Rivera, 48, y Jonathan López Vargas, 22. En el caso de Jorge, de 54 años, el personal médico hacÃa lo necesario para mantenerlo con vida, ya que tenÃa varios impactos de bala en el cráneo, tórax y abdomen.
A eso de las 8:00 de la noche aún estaba en el quirófano.
Los cuatro cuerpos de los occisos fueron llevados a la morgue del Mario Rivas, donde sus parientes los lloraban con dolor e impotencia. Casi a las 8:00 de la noche fueron llevados a Medicina Forense.
Personas trabajadoras
José Adonis López Vega era barbero y tenÃa su negocio propio donde trabajaba junto a sus dos hermanos menores.
Él deja dos hijos: una niña de siete años y un varón de cinco años. Familiares de López Vega aseguraron que era un hombre cristiano y trabajador.
"Él solo estaba viendo el partido, era cristiano y asistÃa a la iglesia Bautista", expresó un pariente, mientras miraba con dolor el cuerpo sin vida de su ser amado.
López Vega residÃa en la colonia Felipe Zelaya y era originario de La Unión de San Luis, Santa Bárbara. Héctor Antonio Murillo, deja tres hijos. Él era agricultor, tenÃa una pequeña milpa y residÃa en la colonia Las Brisas. Según su esposa, salió por la tarde para ver el partido de fútbol.
"Pasaba trabajando casi todos los dÃas y el fin de semana iba al campo", manifestó un pariente.
Mientras, Santos Casimiro Cano Rivera, deja ocho hijos, todos menores de edad.
Él era originario de Choluteca y residÃa en la colonia 6 de Mayo. Cano Rivera era guardia de seguridad de la colonia Llano de Sula y estaba dirigiendo a uno de los equipos que jugaba en el campo de la matanza.
"Era la segunda vez que llegaba a dirigir ese equipo, lo hacÃa solo porque le gustaba el fútbol", indicó entre sollozos un sobrino del fallecido.
El menor de los que murió camino al centro asistencial fue Jonathan López Vargas.
López Vargas también residÃa en la colonia 6 de Mayo.
Era ayudante de albañil y recientemente vivÃa en unión libre. No tenÃa hijos.
"La esposa y la mamá le estuvieron pidiendo que no fuera a jugar, que mejor se quedara en la casa con ellas, pero los amigos lo llamaron y le insistieron y decidió irse", expresó una prima.
Mientras, Jorge (el sobreviviente) era el árbitro del partido y es el presidente de árbitros del sector.