Honduras
Un comerciante individual que fue raptado ayer en la mañana, mientras buscaba ganarse el pan de cada día con las ventas en el sector de la aldea Jucutuma, fue encontrado muerto horas después.
Según versiones, los protagonistas fueron cinco sujetos que en un vehículo y una motocicleta raptaron a Franklin Josué Rosales Henríquez, 25, en la aldea San José de Jucutuma, al noreste de la ciudad, para llevarlo al sitio donde lo mataron, a unos kilómetros del lugar donde fue raptado alrededor de las 10:30 de la mañana.
Andaba con su familia
Yolanda Henríquez, madre de la víctima, indicó que su hijo se dedicaba a la venta de ropa usada y artículos varios para el hogar, así como calzado.
"Salía a vender con la esposa casi siempre y de vez en cuando llevaba a sus dos hijos, pero esta vez no nos imaginamos que pasaría algo tan trágico", mencionó la dolida madre.
Agregó que el joven Rosales salió ayer en la mañana con la idea de vender una buena cantidad de cosas y prepararse para la cena navideña familiar. Los asesinos no le permitieron cumplir su deseo.
El cuerpo de Rosales fue encontrado minutos después del hecho en la calle que conduce al crematorio municipal en el sector de El Ocotillo.
La Policía Nacional Preventiva de la zona dijo que la muerte ocurrió cerca de las 10:30 de la mañana y, según los informes que se manejan, tres de los hechores circulaban en un vehículo Mitsubishi azul y los otros dos viajaban en una motocicleta, de la cual no hay características detalladas por la rapidez del delito.
La madre del fallecido dijo que uno de los hechores vestía indumentaria policial y tenía el rostro cubierto con pasamontañas.
"Las personas que vieron cuando bajaron a mi hijo del carro dijeron que una de las personas andaba con ropa de policía, pero no sabemos de qué se trata porque los delincuentes se las saben todas", expresó Henríquez.
Recibió amenazas
Se conoció que Rosales Henríquez recientemente recibió amenazas por una deuda que estaba pagando, pero la hipótesis no toma fuerza en las investigaciones.
El cuerpo de la víctima estaba sin camisa, vestía jean azul y sandalias de color café.
La mayoría de los balazos los tenía en la cabeza y le desfiguraron parcialmente el rostro. Tenía las manos atadas contra la espalda.
En la escena había al menos 21 casquillos de bala calibre nueve milímetros.