"El tiempo apremia. Debemos aprovechar este momento histórico para actuar de manera responsable y contundente por el bien común". Las palabras pronunciadas este año por Ban Ki-moon, secretario general de las Naciones Unidas, son una advertencia para todos los gobiernos que participarán en la sesión de septiembre de 2010 y que marcará, definitivamente, el rumbo de los Objetivos para el Desarrollo del Milenio (ODM), cuyo cumplimiento está fijado para 2015.
Un conjunto de ocho buenos propósitos con los que 191 estados de la ONU se comprometieron en 2000 y que, a tan solo a seis años de la fecha límite para conseguirlos, se antoja un reto más que difícil. La crisis económica global tampoco ayuda a dibujar un paisaje esperanzador. Pero aun así, el mensaje de la ONU es claro: "La comunidad mundial no puede olvidarse de los pobres y los vulnerables. Los ODM en estos momentos están amenazados y debemos luchar para salvarlos".
Los retos
Los datos a los que tendrán que hacer frente los líderes políticos a lo largo de estos 12 meses hablan por sí solos. Unas 536,000 mujeres fallecen al año como resultado de complicaciones en el embarazo o el parto; el 99% de ellas vive en países en desarrollo. Por cada persona que tiene acceso al tratamiento antirretroviral para combatir el sida, otras tres se han infectado con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).
Cada 30 segundos, un niño muere por la picadura del mosquito Anopheles, que les mete en el cuerpo el parásito de la malaria. Las infecciones por tuberculosis siguen aumentando y, lo que es más preocupante aún, el bacilo se ha hecho resistente a los fármacos actuales. Y la cuenta suma y sigue. Diarrea, polio, sarampión... trastornos que en los países pobres del planeta son sinónimos de muerte.