La leche, el pan, el azúcar y todos los alimentos procesados que llegan a su mesa tienen que pasar por una serie de procedimientos para que usted los consuma con toda confianza.
¿Quiénes hacen este trabajo?
El ente encargado de este procedimiento es el Laboratorio de Control de Alimentos del Departamento de Regulación Sanitaria de la Región Metropolitana de Tegucigalpa.
Ellos brindan servicios de análisis fisicoquímicos y microbiológicos en el área de alimentos y bebidas. Quienes se abocan a este laboratorio son todos los empresarios que quieren poner en el mercado alimentos procesados.
Entre los productos alimenticios que se someten a análisis, están los fortificados, azúcar con vitamina A, sales de yodato y harinas con hierro.
Los lácteos y derivados, carnes, pescado, mariscos y derivados. Cereales, pasta y pan. Especias y condimentos, productos de confitería y miel; agua envasada, bebidas no alcohólicas y alcohólicas, grasas y aceites.
Todo con el fin de que los consumidores tengan a la mano productos que cumplan con todos los valores nutrimentales escritos en sus envases, a la vez que no tengan bacterias u hongos que podrían poner en riesgo la salud de las personas.
Totalmente confiable
Este laboratorio está certificado por la Unión Aduanera, por lo que estos productos analizados pueden circular comercialmente no solo en Honduras, sino en toda Centroamérica.
"Actualmente estamos en el proceso de acreditación para que nuestros análisis no solamente sean reconocidos a nivel centroamericano, sino válidos y confiables a nivel internacional", expresó la coordinadora de laboratorio y gerente técnico, Zeyda Díaz.
Los procedimientos que ellos aplican están basados en las normas de la Unión Aduanera, el Codex Alimentarius y la Administración de Alimentos y Drogas (FDA, por sus siglas en inglés).
Toda persona interesada en introducir al mercado alimentos procesados debe ir al Laboratorio de Control de Alimentos del Departamento de Regulación Sanitaria de la Región Metropolitana de Tegucigalpa para que pueda obtener el registro sanitario que tiene una duración de cinco años; este registro le da la confianza al consumidor de que ese producto es apto para consumirse.
