La caída de las inversiones, el aumento de los despidos o ese creciente miedo al futuro que se palpa en el ambiente no son las únicas consecuencias de la recesión económica que vivimos. La crisis también podría incrementar la tasa de suicidios y homicidios, a juzgar por los resultados de un interesante trabajo.
Sus autores, dirigidos por David Stuckler, de la Universidad de Oxford (Reino Unido), demuestran en las páginas del último The Lancet que aumentos de desempleo similares a las registradas este año, provocaron en el pasado picos de ascenso en el número de personas que se quitaban la vida o cometían un asesinato.
Las coincidencias
Los investigadores, que analizaron datos de 26 países de la Unión Europea de fechas comprendidas entre 1970 y 2007, también comprobaron que los incrementos del paro se relacionaban, además, con una reducción notable en el número de accidentes de tráfico.
Concretamente, sus datos pusieron de manifiesto que, con cada aumento del 1% en las cifras de desempleo, crecía un 0.8% las tasas de personas menores de 65 años que se quitaban la vida y que cometían un asesinato -entre 60 y 550 sucesos más-. En ese mismo caso, los accidentes de tráfico se reducían un 1.4%.
Si el paro se disparaba un 3%, los suicidios también se precipitaban hasta el 4.5%. Además, se producía un incremento más que considerable de las muertes a causa del abuso del alcohol.
Medidas de apoyo
Los autores de este trabajo no encontraron evidencias de que las cifras totales de mortalidad fueran mayores en las épocas con mayor número de desempleados, si bien observaron que los países con sistemas de protección social más asentados respondían mejor a las consecuencias nocivas del paro.
“Hemos comprobado que los programas laborales que apoyan y reintegran a los empleados en una actividad laboral pueden mitigar algunos efectos adversos de las crisis económicas sobre la salud”, apuntan estos investigadores en su trabajo. De hecho, citan el ejemplo de Finlandia y Suecia, dos países con importantes sistemas de protección social, que sufrieron a principios de los 90 fuertes recesiones económicas. Pese a que las tasas de paro aumentaron de forma significativa, las cifras de suicidios descendieron en ambas naciones. “Nuestro análisis apunta a que los gobiernos podrían proteger a sus ciudadanos de forma específica”, añaden, en alusión a las cifras que se proyectan.
