Honduras
Quizá no tenga la lucidez de una jovencita de 15 años, pero su espíritu está más vivo que nunca.
Los 106 años de vida que está por cumplir han dejado huellas imborrables en su rostro ajado por el inclemente paso del tiempo.
Pero ni las arrugas no los hilos de plata que tiñen su cabello han podido doblegar la madera de la cual está hecha.
Doña Josefa Reyes Benítez o "Mita", como todos la conocen, es un modelo de capitalino de conducta, un ser humano privilegiado que ha visto pasar miles de hechos ante sus ojos y en más de un siglo de vida ha podido compartir su experiencia y vivencias con los suyos.
La dura realidad en Honduras es que la mayoría de adultos mayores pasan sus últimos días solos y prácticamente abandonados en un asilo de ancianos, aguardando por un poco de afecto de sus familiares, que muchas veces no llega nunca. Muchos de ellos han muerto con la esperanza de ver a sus hijos y nietos, abrazarlos o simplemente regalarles un beso.
Por dentro
Nació el 26 de noviembre de 1902. Sus padres, César Reyes, un poeta y médico, y su madre Paula Benítez, un ama de casa.
En sus tiempos mozos fue una excelente productora de rompopo, una tradicional bebida elaborada a base de leche, huevos, canela y ron, la cual es el invitado especial en las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Como conocedora de las bondades de un buen trago, pero sin exceso, doña Josefa aún conserva su tradición de tomarse un sorbo antes de acostarse, para mantener las calorías de su cuerpo. Ella asegura que por eso se explica su resistencia.
Pero el rompopo no es su única debilidad. "Me encantan las chucherías, los dulces y el pastel", dijo con una sonrisa que no dejó dudas.
Una visita inesperada
Aunque se encuentra postrada en una silla de ruedas, producto de una caída que le fracturó la cadera hace unos cinco años, muy paciente esperó al equipo de EL HERALDO en el portón de su casa en el sector 7 de la colonia Hato de Enmedio, para darnos algunos consejos de cómo se hace para llegar a su edad.
Y es que bien dice el dicho que los humanos volvemos a la etapa de bebés a medida que nos avanza la edad.
¿Cómo se siente, doña Josefa?, le pregunté. Con una voz suave, apenas audible, contestó: "Aquí regular".
Abordamos varios temas de su vida, pero uno de los recuerdos que más atesora en su mente es el tiempo cuando fue novia de Ramón "Monchito" Ernesto Cruz, ex presidente de Honduras en el período constitucional de 1970 a 1974, pero que fue derrocado por el golpe militar del dos veces ex mandatario hondureño Oswaldo López Arellano, en 1972.
"Monchito" Cruz murió el 6 de agosto de 1985 en Tegucigalpa, pero no en el pensamiento de doña Josefa, donde está presente como si hubiera sido ayer el momento en que vivieron su largo noviazgo que duró varios años. ¿Por qué no se casó con él?, le consulté. "A saber, la suerte así es y porque la familia de él no quiso", respondió.
Su historia
Doña Josefa es oriunda del municipio de San Juan de Flores, Cantarranas, ubicado a unos 40 kilómetros de Tegucigalpa.
A sus 15 años emigró a la ciudad, con la ilusión de encontrar una mejor forma de vida.
Al inicio se le hizo muy duro adaptarse al ritmo acelerado de la ciudad, pero al final lo logró.
Se casó muy joven, a la edad de 20 años, y procreó cinco hijos: Julia, Petrona, Reynaldo, Alejandro y Salvador. Hoy tiene 29 nietos, 13 bisnietos y cinco tataranietos.
65 años en el mercado
Vendiendo frascos vacíos, café, arroz con leche y hasta nacatamales en un humilde puesto en el mercado San Isidro de Comayagüela, a lo cual le dedicó 65 años de su vida, pudo hacerse de un terreno en la colonia Soto; ahí construyó una cuartería, donde rentaba cada cuarto a 85 lempiras cada uno, lo que le generaba algunos ingresos para vivir.
"Ella misma cuenta que compró a 50 centavos de lempira la vara cuadrada de tierra", recuerda con asombro su nieta Marielos Bonilla.
En la actualidad, lo más difícil de un capitalino es hacerse de su propia vivienda, pues los costos elevados, tanto en la adquisición del terreno como en los materiales de construcción, dejan perplejos a cualquiera.
Existen zonas donde la vara cuadrada no baja de 2,500 lempiras. Las construcciones de un inmueble sencillo se cotizan en no menos de 750,000 lempiras.
En esa época, en el mercado San Isidro su vida era plena. Hay tantos recuerdos ahí, tantas anécdotas que contar.
Hasta algunos pleitos con otras vendedoras. "Peleaba con el que había lugar y con aquella Emilia Pavón; una vez le pegué porque me fregaba mucho, le pegué con un pedazo de palo de escoba; me llevaron presa, pero al ratito salí", narró con una sonrisa y su voz entrecortada.
Pero no solo recuerda aquellas refriegas que se armaban para acaparar clientes. Todavía sigue vivo en su mente el recuerdo de la primera vez que llegó a Tegucigalpa con apenas 15 años de edad.
"Era un ‘puchito’ de casas, solo había ‘poquitilla’ gente y el mercado San Isidro era empedrado". (Vea más en www. elheraldo.hn)
Mitch se lo llevó todo
Pero la vida feliz que doña Josefa había llevado hasta el momento cambió radicalmente. El paso devastador del huracán Mitch a finales de 1998 acabó con su vivienda.
Unos años antes de que ocurriera la tragedia que más ha enlutado a las familias hondureñas, doña Josefa se había mudado ya a la vivienda de su nieta Marielos. Desde ese entonces, este ha sido su hogar.
Ahí ya lleva casi 10 años, donde como reconocimiento a toda una vida al servicio de la Iglesia Católica, sus hermanos le llevan la comunión hasta su casa.
Aunque a muchos de sus seres queridos y amigos se les haga un nudo en la garganta al imaginarse que doña Josefa un día tendrá que partir de este mundo terrenal, Marielos dice estar preparada para ese momento, pues Dios les ha dado el privilegio de tenerla muchos años más de los que permite el nivel de vida en el país.
"Será un golpe duro y me hará mucha falta, pero así son los designios del Señor", dijo.
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