Honduras
El típico aspecto que dan los enfermos mentales con el pelo enredado, lleno de piojos, sucios, y con mal olor podría desaparecer de las calles capitalinas.
Y es que si bien es cierto, que la locura crónica rara vez se cura, hoy surge un novedoso proyecto de salud mental para que estas personas con trastornos mentales severos puedan hacer una vida dentro de lo que cabe, normal.
Dos médicos del postgrado en Psiquatría de la UNAH, apoyados por las autoridades académicas y del hospital Mario Mendoza, están convencidos que sí existen alternativas para lograr que estos pacientes mejoren enormemente su calidad de vida y sean útiles a la sociedad.
El novedoso proyecto denominado Casa de Medio Camino, ejecutado por los doctores Mauricio Orellana y Sagrario Guifarro, se ha convertido en una opción terapéutica para los pacientes que padecen de locura crónica, que deambulan por las calles y que por su situación económica no tienen la oportunidad de recibir asistencia especializada.
Nuevo concepto
Normalmente lo que se hace con el “loquito” de la calle es capturarlo en una redada y encerrarlo en los hospitales psiquiátricos para que no “ensucie” la ciudad. La estigmatización que sufren es lamentable, pues se les califica como peligrosos y agresivos.
Sin embargo, desde hace un años, estos pasantes de la carrera de Psiquiatría, a través del proyecto piloto, ejecutado en el municipio de Juticalpa, Olancho, han tratado de demostrar que el hospital no es la única alternativa para ellos, sino que pueden ser tratados dentro de sus mismas comunidades e integrar a la familia al cuidado del paciente.
“La idea es que en vez de internarlos en un manicomio, sean tratados dentro de sus comunidades a fin de desaparecer ese miedo que infunden en los demás”, detalló Orellana.
En la experiencia en Juticalpa, se evaluaron unos 42 pacientes, de los cuales 21 aplicaron al programa. Se les dio un tratamiento farmacólogo a base de antisicóticos de depósito con efecto duradero de al menos un mes, lo que hizo que su capacidad de relacionarse con los médicos fuese mejor.
A diario se les proporcionó ropa, alimento, y kit de higiene para que aprendieran de nuevo a bañarse y mantenerse limpios. Luego se les incluyó en terapia ocupacional. Con el pasar de un año, al menos cinco pacientes se han recuperado considerablemente. Uno de ellos, está trabajando.
“Estamos muy complacidos con los resultados, pues tenemos un 95 por ciento de éxito y logramos la meta que nos habíamos propuesto”, avaló la doctora Guifarro.
Todo un reto
El objetivo ahora, es que el proyecto se regionalice en todo el país, a fin de que se convierta en una opción más barata para el Estado, pues el estudio de los médicos indica que en el tratamiento comunal se invertirían unos 45 lempiras diarios por paciente, contra casi 500 lempiras, si se trata dentro de un hospital.
Aparte, el recurso humano, el equipo y medicamentos del Mario Mendoza y el hospital Santa Rosita se optimizaría, pues ambos se volverían centros especializados para casos insolubles o de difícil manejo.
La meta es no “manicomializar” al paciente, sino que se habiliten unas camas en los diferentes hospitales regionales para atenderlos durante una crisis y que en el trayecto, la comunidad sea el lugar en donde continúen su tratamiento.
“Definitivamente, encerrarlos no es la solución porque eso atenta contra los derechos humanos de los pacientes”, argumentó el doctor Mario Aguilar, coordinador de investigación del postgrado.
En el Distrito Central, ya hay grandes posibilidades de ejecutarlo cuanto antes.
Hace unas semanas, los impulsores del proyecto fueron citados por el Juzgado de Policía Municipal, a fin de dar a conocer a profundidad la propuesta. En ese entonces, propusieron que la Alcaldía les habilite una vivienda en el barrio Los Dolores, donde se reúnen una buena cantidad de orates, justo abajo el puente conocido como el Hoyo de Merriam.
El alto índice de pacientes en indigencia médica, tanto en Tegucigalpa como en Comayaguela, ya hecho que el mismo alcalde capitalino, Ricardo Álvarez, esté seriamente considerando apoyar el proyecto.
“Me encanta la idea y lo que buscan de parte nuestra es que tengamos un local para la Casa de Medio Camino. Ellos pondrían la asistencia médica y el hospital apoyaría con los medicamentos. Quiero ser parte de esa solución, me parece que es justo y es una obligación de la sociedad”, comentó.
Álvarez dijo que durante esta semana se reunirá con los artífices del proyecto para ultimar detalles, pues realmente quiere ejecutarlo en la capital.
Los psiquiatras involucrados en el proyecto creen que si continúan obteniendo los frutos como hasta ahora, están a las puertas de hacer un cambio trascendental en la forma de hacer salud mental en el país.
Exito total
Estudios hechos en Inglaterra y Argentina, demuestran que mantener un paciente con locura crónica dentro de la comunidad, hace más sensibles a las personas de su entorno y desde luego, que se pierda ese concepto de agresividad que han hecho creer las películas de Hollywood.
Asimismo, en la década de los 50, el doctor Franco Basaglia implementó la ley que elimina el manicomio e integra a los enfermos psiquiátricos a la sociedad como única forma de mejoría.
En Nueva York, existe una casa donde se les consigue empleo a los pacientes psiquiátricos y si uno falla, hay dos más listos para suplirlo. Las hospitalizaciones han disminuido considerablemente en esa nación norteamericana.