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Damnificados de nuevo en peligro

Los más de 3,700 afectados dejan los albergues y su única opción es reconstruir sus casas. Algunos amenazan con tomarse las escuelas
10.11.08 - Actualizado: 10.11.08 07:25pm - Patricia Cálix : gloria.calix@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Después de la tempestad vuelve la calma, como también después de intensos días de lluvia, el sol vuelve a brillar.

Pero para las más de 3,700 personas que resultaron damnificadas por la onda tropical número 16 que a finales del mes de octubre azotó al país y particularmente la capital, ha comenzado la incertidumbre.

Y aunque no se pronostican más lluvias que amenacen la capital, sí existen nubarrones negros sobre las familias que resultaron damnificadas.

Volver a la realidad

Tras ser evacuadas por autoridades del Comité de Emergencia Municipal, (Codem) y cuerpos de socorro y permanecer por más de tres semanas en las escuelas, centros comunales o iglesias que fueron habilitados como albergues, a los damnificados les llegó la hora de enfrentarse con la realidad.

Para la mayoría, cuando los minutos los tienen contados, esta realidad es cruda y sin esperanzas.

La interrogante que de ahora en adelante queda flotando en el aire sin tener una respuesta inmediata es: ¿A dónde iré?
Rosalina Vásquez, una capitalina de 65 años, desde que fue trasladada al albergue de la escuela 14 de Julio en el barrio El Bosque, día y noche no ha dejado de hacerse esta pregunta.

Ella, junto a 10 miembros de su familia habitaban en las inmediaciones de la quebrada El Bambú, zona donde los expertos han detectado una de las 18 fallas geológicas que actualmente mantienen amenazada a la ciudad capital.

La humilde casa de Vásquez, sucumbió ante la fuerza de las lluvias que provocaron deslizamientos y afectaron a otras viviendas.

“Luego que perdí mi casita ahora no tengo a dónde ir. Ya se me llegó la hora de dejar este lugar y con familia no sabemos para donde agarrar. Vamos a esperar a ver que sucede”, manifestó la afectada llena de preocupación.

Desafiando el destino

Son muchas las familias damnificadas que actualmente viven en la incertidumbre, pero que la necesidad de encontrar un techo donde cobijarse le ha obligado a desafiar la vulnerabilidad que impera en las zonas de alto riesgo.

Este es el caso de Bertha Elena Moncada, quien junto a su familia decidió dejar el albergue de la escuela Francisco Morazán para trasladarse nuevamente a su antigua casa ubicada en el barrio El Edén, de donde el pasado 23 de octubre fue desalojada.

Pese a que este sector, de acuerdo al estudio realizado por expertos de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón, (JICA), ha sido definitivamente declarado como zona inhabitable y que particularmente su vivienda tiene las paredes hendidas y el piso rajado, Moncada ha tomado la firme determinación de volver a habitar en ella.

También su hijo, Joel Arturo Sierra, la apoya en esta determinación y actualmente edifica una casa de madera para vivir junto a su familia.

“Creo que no nos ha quedado de otra que volver a nuestra casa.

Yo tengo más de 40 años de vivir aquí en El Edén y siempre he escuchado que es una zona de riesgo, y mire, aquí estamos. Más bien le di a mi hijo una parte de terreno para que construya su casa porque él alquilaba en la parte de arriba de El Edén, vamos a correr el riesgo”, apuntó Moncada.

La misma indecisión prima entre los padres de la pequeña Lucrecia que hoy cumple 25 días de haber venido al mundo en plena tempestad y lluvias y que fueron albergados en la escuela 14 de Julio.

Karen Acosta, madre de la bebé y su esposo piensan retornar nuevamente al barrio Altos de El Edén. Ellos aducen que no cuentan con los recursos suficientes para alquilar un cuarto en un lugar seguro, por lo que se trasladarán a su destruida vivienda.

Cabe señalar que muchas de las familias que se encuentran en este albergue se niegan a abandonarlo, por lo que no se descarta que entre hoy o mañana que es el plazo definitivo para permanecer en el mismo se realicen tomas.

“Como no tenemos casa a donde ir porque se derrumbaron, algunas de las familias que estamos aquí hemos pensado que nos vamos a tomar esta escuela. Aunque nos digan que nos salgamos, no nos vamos a salir, mientras las autoridades no nos busquen un lugar seguro donde vivir”, declaró Karen Peralta.

Y es que las instrucciones han sido giradas para que los centros educativos que han servido como albergues durante la emergencia que causan los fenómenos naturales, sean desalojados de inmediato.

Para el caso, los alumnos de primaria que son atendidos en la jornada nocturna en la escuela 14 de Julio necesitan recibir sus clases.

La escuela República de Panamá que también sirvió para cobijar a 70 familias damnificadas de las comunidades de El Edén, Altos del Edén, Miramesí y Viera, tiene que estar libre a más tardar este próximo jueves. Actualmente permanecen en ella 34 familias.

Los albergues que hasta la fecha han sido desalojados por los afectados son la iglesia Sagrado Corazón de la colonia Miramesí y las escuelas German Herrera y Jaime Romero en la colonia Los Pinos.

Como apoyo a las familias capitalinas afectadas por la depresión tropical número 16, la corporación municipal decidió otorgar un bono de 1,500 lempiras que puede ser utilizado como pago de alquiler, mientras se resuelve el problema habitacional.

Recuento de los daños

Mientras tanto, el departamento de Vivienda de la Secretaría de Obras Públicas, Transporte y Vivienda, (Soptravi) realiza recorridos por las zonas vulnerables, con el objetivo de hacer un avalúo de los daños.

“Andamos realizando un avalúo de los daños causados por el frente frío, para poder analizar y evaluar cuál sería el paso a seguir para poder asistir a estas personas, esto luego de que presentemos un informe”, informó Gerardo Munguía, encargado de la misión.

Aunque no se determinó cuando estaría listo el estudio, el funcionario explicó que se recorrerán todos los sectores que resultaron afectados por el fenómeno natural, como la Ulloa, Loarque, la Cabaña, Miramesí, Edén y Altos del Edén entre otras.

“Esperamos que a finales de este mes podamos presentar parte del informe al director de Vivienda, y así tomar medidas”, concluyó Munguía.

No solo el problema del desalojo amenaza a los vecinos, en el barrio La Cabaña denuncian que cuadrillas del Servicio Autónomo Nacional de Acueductos y Alcantarillados (SANAA) llegaron con tractores a trabajar en la zona, donde se derrumbó hace algunos días la iglesia San Cayetano.

Para los moradores la situación se torna preocupante, pues la falla geológica de El Bambú que cruza por el sector podría reactivarse y ocasionar más daños.

A criterio de los denunciantes, el SANAA hizo caso omiso de las recomendaciones de JICA que han dicho que tras los derrumbes hay que esperar que la tierra se compacte para iniciar labores de limpieza y recuperación.

A la ruptura de las alcantarillas, los vecinos han improvisado una cuneta con pedazos de lámina para que las aguas corran libremente.

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Pese a que el barrio El Edén ha sido declarado, por expertos de JICA, como zona inhabitable debido a la falla de El Bambú.
Pese a que el barrio El Edén ha sido declarado, por expertos de JICA, como zona inhabitable debido a la falla de El Bambú.

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