Honduras
La búsqueda del sustento diario no conoce lÃmites para ningún ser humano.
Decenas de capitalinos se ganan a diario el pan de cada dÃa enfrentándose al peligro de las calles, pero con la única convicción que el trabajo no deshonra a nadie.
Desde vender frutas en las intersecciones de la ciudad, humildes ancianas que venden naranjas o goma de mascar, hasta el menor que desde pequeño tiene que dejar a un lado sus cuadernos para llevar algo a su hogar, los trabajos son diversos y el techo de la tienda que los cobija es el mismo: el cielo.
Estos humildes capitalinos enfrentan la vida con decencia, con amor y a veces con resignación.
No importan las inclemencias del tiempo, debajo del fuerte sol o expuestos a bajas temperaturas, lo importante es encontrar en cada persona que adquiere sus productos, una gota para juntar el sustento que ese dÃa llevarán a la boca sus hijos, nietos, hermanos, padres.
Desde la anciana que con su delantal blanco vende naranjas en una esquina en las cercanÃas del semáforo de El Prado, hasta una delgada mujer de origen asiático que vende comida en la plaza Central, los niños, muchas veces descalzos que ofrecen toda clase de confituras, frutas y hasta accesorios para carro o celular en las intersecciones; esa es la cruda realidad de las calles.