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Honduras
“Son mis hijos, no son los mejores, pero son todo para mí”. Con esta frase, Luis Enrique Álvarez, un capitalino de 42 años, resume la maravilla que para él representa ser padre de tres hermosos regalos de Dios.
Los últimos años para este humilde padre de familia han tenido un giro de 180 grados. Hace cinco años el dolor y la desgracia tocaron a su puerta tras ser agredido por un grupo de antisociales, que en su objetivo de privarlo de sus pertenencias, le dispararon sin piedad y ahora depende de una silla de ruedas.
Este hecho es aún más trágico cuando sé es padre de tres hijos y como cabeza de hogar y se tiene la responsabilidad de proveer el sustento diario para su familia y no poder hacerlo.
Y es que desde ese momento, Enrique junto a su familia pensaban que estaban en un oscuro túnel sin salida.
Ante la desesperación y la angustia de tener tres hijos que mantener, como una solución su esposa decidió emprender un viaje del cual no regresó, pues su intento de conquistar el sueño americano le robó la vida.
Ahora, viudo, en una silla de ruedas y con tres hijos que proteger, Enrique es un ejemplo de padre que en tiempos modernos recuerda la enseñanza de San José.
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Un ejemplo a seguir
Pese a todas las dificultades y vicisitudes que ha tenido que enfrentar, Enrique no se da por vencido.
Desde la muerte de su compañera de hogar, se levanta con optimismo cada día, ya que el motor para continuar luchando tienen nombre y apellido: su princesa Olga Yireh de 5 años, José Luis de 10 y Arnold Enrique de 20.
“Por ellos yo sigo adelante, por mi princesa y mis muchachos. No es duro, tener hijos y estar con ellos es una bendición”, aseguró Enrique, con una gran sonrisa.
Y es que él es un ejemplo vivo de capitalinos que son padre y madre a la vez, que llevan con honor una palabra atribuida al Creador y que San José instituyó con todo empeño, criando con todo el amor del mundo al Hijo de Dios.
Acompañado de sus hijos, con coraje y valentía, todas las mañanas sale de su casa, en la colonia San Francisco hacía su puesto de ropa ubicado en la sexta avenida de Comayagüela.
En su silla de ruedas, y con la ayuda de sus muchachos, como él les llama, se gana la vida honradamente para mantener a su familia.
Un día especial
Como un reconocimiento al papel que juegan los padres en el seno de la familia, en Honduras por decreto legislativo, el 5 de diciembre de 1959 se decide conmemorar el Día de San José, es decir el 19 de marzo, como Día del Padre.
Una fecha que se ve afectada en su celebración por el alto índice de irresponsabilidad paterna que existe.
Datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), marcan que los hombres tienen mayor probabilidad de unirse la primera vez a una mujer, en edades más avanzadas.
A partir de los 40 años aproximadamente, ya establecen un hogar definitivo, antes de esa edad han tenido distintas parejas con las que ha concebido uno, dos o más hijos, a quienes generalmente no mantienen.
Existe una mayoría, que no precisamente realiza ambos roles en la casa porque tienen su compañera de hogar, sin embargo, en casos como el de Enrique, se caracterizan por ser responsables y luchadores.
Hoy se celebra con la misma veneración, con el mismo respeto y con el mismo cariño que se le profesa a la madre, a aquellos padres que juegan bien su papel de cabezas de hogar.
Que velan el sueño de esos pequeños seres, que les cuidan cuando están enfermos, que les enseñan a levantarse cada caída y a luchar por sus metas.
La algarabía de la fecha no es la misma que se le dedica a las madres, pero es oportuno aplaudir a aquellos que sí cumplen a cabalidad su labor como cabeza de familia.