Honduras
Los primeros rayos del sol marcan el inicio de su jornada de trabajo.
Con una mochila a cuestas, donde guarda su uniforme color naranja y la burrita que le preparó su esposa, Kevin José Rodríguez se prepara para iniciar una ardua jornada de trabajo.
Este capitalino, de 32 años y padre de tres hijos, es uno de los 120 recolectores que laboran en dos turnos en el tren de aseo que se encarga de llevar todos los desechos de la ciudad al crematorio municipal.
El trabajo comienza desde las 6:00 AM. Para estar a tiempo en el plantel de la consesionaria de desechos sólidos Cosemsa, ubicado en el anillo periférico a la altura de la gasolinera Texaco Nuevo Mundo, debe salir una hora antes de su humilde vivienda en la colonia Los Pinos.
Trabajo y entrega
Apenas llega se reúne con sus compañeros de equipo. Se cambia su ropa de calle por el uniforme color naranja con el logo distintivo de la Alcaldía Municipal y junto al conductor del vehículo recolector y un compañero más, salen a hacer el primer recorrido.
Al igual que sus compañeros, Rodríguez recibe un salario de 2,200 lempiras quincenales, es decir, un total de 4,400 al mes, muy por debajo del salario mínimo.
No tienen acceso al Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), vacaciones es una palabra desconocida en su vocabulario, al igual que décimo cuarto salario o aguinaldo.
Pero la necesidad de mantener a sus tres hijos de 12, 8 y 6 años no conoce de cantidades y de leyes.
El recorrido
La jornada inicia y las unidades recolectoras salen del plantel. La primera estación es la residencial Honduras, apenas entran a la calle principal y comienzan los problemas.
Un vehículo mal estacionado le obstaculiza el paso al camión y hay que esperar que el dueño se levante para que lo pueda mover. Ahí se pierden minutos preciosos, pero no queda otra que armarse de paciencia.
“Mi trabajo lo asumo con la mayor de las responsabilidades, sé que a veces algunos vecinos de varias colonias que visitamos se molestan porque tal vez uno les dice que no tiren colchones viejos a los contenedores y algunos son tan mal educados que uno esta sacando la basura y ellos las están tirando fuera”, dijo.
La ruta continúa en la Kennedy, donde se encuentran con contenedores colapsados y muchos desechos en la calle. Los recorridos inician a las 6:00 AM y concluyen a las 12:00 del mediodía.
Los mayores problemas que enfrentan estos hombres de naranja son los bajos salarios, las condiciones de trabajo ya que están expuestos a la contaminación y el pago del impuesto de guerra que los delincuentes les hacen pagar en algunas colonias.
Por si fuera poco, en algunos barrios y colonias se encuentran con vehículos estacionados cerca de los contenedores que les dificultan realizar el sistema de enganchado para recolectar los desechos.
“Muchas veces hemos tenido que abandonar la ruta porque los mareros nos intimidan diciéndonos que nos van a matar si no les dejamos algo de dinero, muchas veces me he quedado sin comer porque se llevan hasta lo que reservo para el almuerzo”, dijo Walter Díaz, conductor de la unidad 33.
Díaz reside en la colonia Miramesí y es padre de dos hijos. Juan Carlos Ramírez, un capitalino residente en la colonia Villa Nueva, también ha sido víctima de las maras.
“Hace dos meses, al carro donde yo trabajaba lo asaltaron y fuimos a denunciar el hecho a la estación de policía que estaba dentro de la colonia y no les hicieron nada, a la siguiente semana nos quebraron los vidrios de la unidad”, narró.
Mientras continúa la conversación, el vehículo se detiene en Las Palmas y luego sigue a la Bernardo Dazzi, el reloj marca las 8:00 AM y el sol comienza a calentar.
El traje pica y los olores nauseabundos de los desechos alimenticios en un contenedor dado vuelta se mezclan con el sudor de estos hombres que limpian los desechos que 1.5 millones de capitalinos generan.
Su trabajo no es fácil y menos en una ciudad, donde cada habitante genera una libra y media diaria de basura cuyo manejo es inapropiado.
La mayoría de veces no cuentan con el equipo adecuado como guantes especiales y mascarillas.
Reconocen que la amenaza del virus de la influenza A H1N1 los puso a temblar, pero que Dios no los ha desamparado.
Ya casi son las 9:00 AM y el equipo se estaciona en El Pedregal, luego sigue el recorrido a El Carrizal, donde al llegar a la entrada se encuentran un cuadro de contaminación donde decenas de zopilotes devoraban un perro muerto.
Estas escenas se repiten a diario y son una muestra de la falta de educación del capitalino que no hace un manejo racional de los desechos.
La mezcla de basura en las bolsas que son depositadas en los contenedores conforman una bomba de tiempo que daña al medio ambiente.
La labor continúa, vaciados los contenedores de estas colonias, la hora de partir al crematorio municipal llega.
Son las 12:00 del mediodía, hora de almorzar la burrita que la esposa le preparó, el hambre es dura y sin importar las condiciones hay que comer. Mañana será otro día en que estos capitalinos, por un salario e 4,400 lempiras al mes recogerán los desechos que salen de su casa.
* Expuestos: Los 120 trabajadores que laboran para las dos mayores concesionarias de la recolección de basura no cuentan con ningún tipo de protección.
* La cifra: 3 personas conforma el equipo que opera en las unidades recolectoras de desechos sólidos.