Honduras
Desde hace dos semanas, José Gabriel Pastrana lleva un artículo más en su mochila.
El fenómeno de transición de la época seca a lluviosa que provoca repentinas lluvias ha obligado a su padre José Pastrana a incluir todos los días entre sus útiles escolares, un compañero fiel que lo protegerá: un capote negro con la imagen de Spider Man.
Por ser su personaje favorito, Gabriel no olvida en ningún momento a su protector y, aunque le roba espacio en su bolsón, prefiere sacrificar su lapicera y cargarla en sus manos.
Con las imprevistas lluvias, su capote le ha protegido de pescar un resfriado en dos ocasiones ya.
Empero, este pequeño, alumno del tercer grado de la Escuela República de Chile, no cuenta con la misma protección en sus salón de clases. La vulnerabilidad ronda su escuela y decenas de centros educativos más en la capital.
Inminente riesgo
El fantasma de los inundaciones no solo ha cobrado vida en las humildes viviendas de los barrios y colonias capitalinas.
Este fenómeno natural también ha tocado las puertas de los salones de clases de al menos 45 centros educativos de la capital.
Y es que bajo la categoría de lugares de alto y extremo riesgo, que les ha conferido el Comité de Emergencia Municipal (Codem), son miles de niños y jóvenes de kínderes, escuelas y colegios los expuestos a los embates de la naturaleza.
La mayoría de estos centros educativos se encuentran cerca de quebradas o ríos y hasta en sitios por donde pasa alguna de las 18 fallas geológicas detectadas hasta ahora.
La topografía que caracteriza la capital la vuelve vulnerable ante los desastres climatológicos y hoy la amenaza más fuerte se centra en el sector educativo, ubicados en zonas vulnerables y muchas veces hasta inhabitables.
Cientos de niños, jóvenes y maestros están expuestos en temporada de invierno a ser golpeados por la fuerza de la madre naturaleza.
Para el caso, la escuela José Simón Bolívar, ubicada en la colonia Las Mercedes de Comayagüela, encabeza la lista de centros más vulnerables. Su categoría es de extremo riesgo.
Y es que por debajo de sus instalaciones pasa la quebrada El Sapo, controlada únicamente por un improvisado embaulado.
La humedad ha provocado que los pisos y paredes se agrieten cada vez más.
La época de invierno, para los escolares y maestros, es sinónimo de amenaza.
José Arnulfo Cáceres, director de este centro, manifestó que la basura en el cauce es uno de los mayores problemas que provocan que las instalaciones se inunden año con año.
“El año pasado tuvimos la experiencia que parte del muro de atrás de la escuela cedió ante la fuerza del agua de la quebrada y se inundó todo”, aseguró.
En ese entonces, alumnos y docentes tuvieron que salir literalmente corriendo ya que la quebrada se salió de su cauce en minutos.
Las malas experiencias del pasado han hecho que las autoridades de esta escuela tomen medidas de prevención.
Una de ellas fue solicitar la colaboración del Cuerpo de Bomberos, que recientemente elaboró un plan de evacuación y señalizó el edificio para orientar a los niños a desalojar el lugar en caso de emergencia.
Pero no solo este centro educativo enfrenta una amenaza latente.
Bajo la misma categoría de extremo riesgo por inundaciones y lluvias excesivas se ubican el centro básico Manuel Bonilla en el barrio El Chile, el centro de educación básico Estado de Israel en la colonia Flor del Campo, la escuela Altos de San Francisco en la colonia del mismo nombre y la escuela Francisca Reyes en el barrio El Jazmín.
Asimismo, la escuela Juana Margarita Vásquez en la colonia Villa Delmy, el instituto Buen Samaritano en el barrio Abajo, la escuela Leovigildo Pineda Cardona en El Sitio y el Instituto Tecnológico de Administración de Empresas (Intae) en el barrio El Jazmín, entre otros.
En la categoría de alto riesgo destacan centros educativos como la Escuela Enmanuel en la colonia Canaán, Francisco Morazán en el barrio La Ronda y José Cecilio del Valle en el barrio Guanacaste, entre otros.
La escuela José Ángel Ulloa, ubicada en la colonia del mismo nombre, sigue siendo la amenaza número uno para alumnos y maestros.
Sus paredes están sumamente deterioradas y a punto de venirse abajo.
Indiferencia
Todos estos centros educativos enfrentan la misma problemática: la vida de los estudiantes y maestros está expuesta ante la falta de compromiso por parte de las autoridades.
La Secretaría de Educación, hasta la fecha, no ha comenzado a realizar una campaña de prevención de desastres. Entretanto, el Codem desde hace dos años ha puesto en práctica un proyecto denominado Escuelas Protegidas.
Este sistema capacita a los alumnos y maestros a evacuar por sí mismos las instalaciones en caso de emergencias por inundaciones.
“Este programa hace que los niños con los maestros aprendan cómo evacuarse ellos mismos, a dar primeros auxilios y a buscar su albergue”, detalló Roberto Mendoza Garay, director del Codem. Sin embargo, solo 12 escuelas de las 300 públicas que existen en la capital manejan el programa, cuando la meta debería ser cubrir todo el Distrito Central.
* La cifra: 25 centros educativos aproximadamente están en la categoría de alto y extremo riesgo en Tegucigalpa. Veinte son de Comayagüela.