Honduras
La tristeza y el desconsuelo no quieren abandonar su hogar.
Y el techo que los protege parece estar sostenido únicamente por la mano de Dios y una roca que les sirve de pared.
Desde que su esposo Jorge Antonio Raudales hizo su viaje sin retorno, Isidra Fúnez y sus hijos Allan, Fernando e Isaías viven sumidos en la desesperación.
Esta humilde madre, a quien una enfermedad pulmonar le arrebató a su compañero, está sola en el mundo con tres bocas que alimentar y educar, y una casa que podría ser su tumba.
Las lágrimas corren por las mejillas de tres caritas inocentes, mientras su madre cae en la desesperación.
El esposo de Isidra partió hace 7 meses sin cumplir uno de sus más caros anhelos: construirles un lugar digno y seguro donde vivir, sin ser amenazados por la vulnerabilidad que enfrentan en la actualidad.
La familia, que reside en la aldea Cerro Grande, en la salida a Olancho, habita en un lugar que más que una vivienda, es una bomba que amenaza con estallar. Una gigantesca roca sirve de pared y es la única base que parece sostener a lo que esta humilde familia llama su hogar.
Una casa a medias construida de concreto, forrada de madera y algunas láminas, sostenida de milagro por algunos horcones, que recuerdan las viviendas de polines que se levantan en las zonas costeras, es donde pasan sus días y noches estos cuatro capitalinos.
El presente invierno bien podría dejarlos en la calle.
O peor aún, hacer sucumbir la humilde vivienda.
En medio del dolor, Isidra y sus hijos se mantienen unidos y sacan fuerzas de flaqueza para enfrentar la lucha diaria de la vida
Lucha por sobrevivir
La humilde mujer de 35 años, huérfana de padres y originaria del municipio de Lepaterique, trabajó junto a su esposo para sacar adelante a sus hijos.
Ahora tiene que hacer doble esfuerzo para ser padre y madre, y ver la manera de que a ellos -que aparte de Dios, son sus tesoros más preciados- no les falte nada.
El sustento del hogar descansa en la venta diaria de tortillas. Cuando el sol no ha iluminado el día con sus primeros rayos, Isidra se pone en pie para moler el maíz y hacer decenas de tortillas para luego ponerlas a la venta. Las largas horas que pasa de pie le han ocasionado problemas de circulación en sus piernas.
“Confío en Dios que quienes conozcan mi historia se compadezcan y me tiendan la mano para que mis hijos puedan continuar con sus estudios. Ellos son lo que más me importa”, solicitó con lágrimas en los ojos.
El poco ingreso que percibe lo invierte en la manutención y la educación de sus pequeños, pues ella nunca consentiría que renunciaran a sus estudios. Es la única herencia que está segura de dejarles.
Ayuda urgente
Pero aún con todos los esfuerzos que Isidra realiza, no logra salir de la pobreza y la falta de recursos económicos amenaza con interrumpir los estudios de sus hijos.
Los gemelos Fernando y Allan estudian ciclo común en el instituto Luis Bográn. Isaías está en segundo grado en la escuela Pedro Nufio, donde se encuentra en el cuadro de honor por ser un alumno con excelencia.
“Lo único que tengo en la vida es a Dios y a mis tres hijos, por los que lucho y me sacrifico por sacarlos adelante. Así como deseaba mi esposo, yo quiero que ellos continúen estudiando, pero somos muy pobres”, dijo Fúnez .
Hoy esta familia necesita como ayuda un hogar digno y seguro para vivir. Fernando, Allan e Isaías requieren apoyo para no abandonar sus estudios.
* Apoyo: Los capitalinos de buen corazón que deseen ayudar a esta familia pueden comunicarse al 236-7877. De antemano gracias por ser solidarios.