Honduras
Tuvieron que pasar 48 horas para que las autoridades locales voltearan su mirada hacia los 149 capitalinos que residen en La Obrera.
Los pobladores que tuvieron que abandonar sus hogares el miércoles, ante el temor de que cedieran sobre sus cabezas, recibieron ayer la primera señal de ayuda: una carpa donde serán reubicados temporalmente mientras se busca una solución.
Don Simeón Corrales es un capitalino de 92 años que reside desde hace 54 en esa colonia ubicada frente al cementerio Sipile.
El humilde anciano se resiste a dejar definitivamente su hogar y, mientras espera ser reubicado, ve con asombro cómo su vivienda está totalmente agrieta .
“Durante todo el tiempo que llevo viviendo en este lugar jamás había visto tanto desastre dentro de mi casa y la de mis vecinos, las paredes, pisos y muros de toda esta vivienda están destruidas”, dijo con tristeza.
Una bomba de tiempo
Los pobladores de este sector están en peligro porque la saturación de agua en el suelo y en el subsuelo, aunado a los movimientos símiscos registrados en los últimos meses en la capital, han agrietado el terreno que amenaza con hacer sucumbir las casas de unas 40 familias.
Pero no solo los vivos han sufrido este embate. El cementerio Sipile, donde descansan los restos de sus familiares, amenaza con socavar todas las tumbas que hay en él y ha empezado a dejar algunos cuerpos al aire libre.
El edil capitalino, Ricardo álvarez, llegó a la zona para conocer la magnitud del problema y anunció que se hará un estudio para definir si estas personas podrán volver a habitar la colonia.
Además ordenó el cierre inmediato del cementerio Sipile, ante el peligro de contaminación.
álvarez instaló una carpa para los damnificados y los dotó de víveres y colchonetas.