Honduras
Encontrar el pedazo de tierra donde descansarán al morir ha empezado a quitarle el sueño a centenares de capitalinos.
El destino cierto de la muerte se vuelve una preocupación cuando los más pobres tienen tan pocas opciones para elegir y casi nada de dinero para pagar.
Peor aún cuando la lista de camposantos a los que pueden tener acceso están colapsados y en algunos de ellos no cabe un cristiano más.
Doña Julia Solórzano, una humilde capitalina que reside en el barrio El Centavo, ya lo vivió en carne propia.
Hace varios meses perdió a su madre, una situación que la marcó para siempre, pero lo más duro fue enfrentarse con que no había espacio donde poder sepultar sus restos cristianamente.
Los 4 cementerios públicos que hay en la capital poco a poco se quedan sin espacio.
Colapsados
El cementerio General, que tiene un centenario de existencia, cuenta con espacios para 100 mil personas, sin embargo todos pertenecen a familias que han sepultado ahí a sus deudos y que tienen apartado su espacio.
Francisco Urmeneta, administrador, dijo a EL HERALDO que estos lugares han sido reservados desde hace más de 20 años por familias que los han conservado hasta la fecha.
“Dentro del cementerio general ya no se puede adquirir un lote porque no hay, lo mismo sucede en Sipile, que solo tiene capacidad para enterrar a 100 capitalinos más realizando construcciones verticales”, detalló Urmeneta.
Según el administrador, para hacer espacio se han destinado fosas que ocupan un lote de terreno de 4x250, con capacidad para ubicar a 24 personas en solo lote.
Pero, los espacios que faltan por llenar también están ocupados, pertenecen a personas que los han comprado con anterioridad.
Datos proporcionados por la gerencia de Proyección Social de la Alcaldía Municipal a EL HERALDO revelan que en los cementerios General y Sipile hay sepultadas más de dos millones de personas.
Esta sobrepoblación ha logrado que las autoridades de la gerencia de Proyección Social de la comuna capitalina habiliten dos camposantos municipales, uno en la zona de El Durazno y el otro en la colonia Divino Paraíso, que ahora se han convertido en la única respuesta con que cuentan los capitalinos de escasos recursos.
Descuido
Sumado a la falta de espacio, los cementerios presentan otro tipo de problemas, el más visible: la falta de infraestructura.
Suciedad, crecimiento desmedido de la maleza y suelos saturados de agua son quizá los problemas más graves que enfrentan las personas cuando eligen estos lugares para depositar los restos de sus seres queridos.
Sipile es una muestra de ello. El camposanto tuvo que ser cerrado por el alcalde hace unas dos semanas, ya que una saturación de agua ha provocado el hundimiento de al menos el 60% de las tumbas que ahí se encuentran.
La preocupación de los familiares ahora es que deben buscar dónde llevar sus restos.
Esta situación deja a los capitalinos con un espacio menos donde sepultar a sus deudos.
Además se suma la inseguridad. La mayoría son presa de los delincuentes, quienes profanan las tumbas y venden placas, cruces y hasta floreros al mejor postor.
En ninguno de estos camposantos se venden terrenos.
Según Nazario González, administrador del cementerio El Durazno, para tener acceso a un espacio de 1 X 250 metros, se requiere presentar el acta de defunción del familiar y hacer el pago de una boleta por el valor de 900 lempiras.
No hay mucha dignidad pero es lo único que hay para que los más pobres puedan bien morir.
Las otras opciones no están a su alcance: entre 40 y 60 mil lempiras un paquete completo en funerarias y cementerios privados.
* La cifra: 4 CEMENTERIOS públicos hay en la ciudad. El General y el Sipile no cuentan con espacio, solo El Durazno y el Divino Paraíso.
Para los capitalinos que menos tienen
Toda persona fallecida tiene derecho a ser sepultada en condiciones dignas.
La Funeraria del Pueblo es la opción que las autoridades de la Alcaldía han puesto a la disposición de los más pobres.
Son dos y están ubicadas en el barrio La Hoya, esquina opuesta a la antigua Penitenciaría Central, y la otra en Comayagüela, frente a Japón Internacional.
El único requisito para acceder a los servicios es vivir en extrema pobreza.
Los capitalinos que lo necesiten pueden llamar al teléfono 220-5282. La atención es de 24 horas.