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Medio siglo de verdadero amor

La feliz pareja de ancianos está a tan solo cuatro días de unir sus vidas en santo matrimonio
20.09.09 - Actualizado: 20.09.09 07:13pm - Lourdes Barahona: lourdes.barahona@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

La relación que han mantenido durante 53 años es un símbolo indestructible de un amor verdadero.

Doña María de la Cruz Torres Cruz, de 87 años, y don Celestino Silva Acosta, de 90, se han convertido en una pareja digna de admirar y un ejemplo de capitalinos.

Aunque ninguno de los dos nació en Tegucigalpa, los más de 40 años que tienen de vivir en la capital, les da ese privilegio de ser sus hijos.

Durante todo este tiempo que han estado juntos han pasado penas y alegrías, como en toda relación de amor. Pero ese sentimiento puro ha sido tan fuerte que ni los problemas que han pasado los han podido separar. Pese a sus años, los dos recuerdan muy bien cómo se conocieron y llegaron a formar una familia.

Historia de telenovela

Esta simpática pareja ha tenido una vida como de telenovela.

El génesis de esta romántica historia se remonta a la época de 1952 en la comunidad de Cedros, lugar nativo de doña Crucita, hasta donde don Celestino llegó a trabajar como labrador. Como toda una jovencita, ella paseaba por la angostas calles casi siempre llevaba puesto vestidos largos tallados a la cintura.

Su bella y larga cabellera oscura que le llegaba abajo de la cintura y que se arreglaba con trenzas impresionó a Celestino. "Desde que la vi me encantó mi Crucita. Era una jovencita muy bonita con su pelo largo, ojos bonitos. Era de una de las familias de allí de Cedros, eso sí, pobre pero honrada y eso me gustó de ella", opinó don Celestino al referirse al amor de su vida.

En cuanto a doña Crucita, lo que le hizo enamorarse de don Celestino es que era un hombre además de honrado, muy trabajador.

"Él era muy trabajador y le cuento que era bien galán... siempre usaba sombrero, las muchachas del pueblo querían ser novias de él, andaban vanas con Celestino", comentó con una sonrisa.

Una de las anécdotas curiosas que cuenta doña Crucita es que ella asistió a las primeras nupcias que don Celestino contrajo con una muchacha del pueblo. Cuando don Celestino enviudó quiso formar de nuevo una familia y pensó en la señorita María de la Cruz, se valió de un profesor para pedir su mano.

"Yo tuve que mandarle una carta muy formal a los papás de ella por medio de un profesor amigo mío y tardaron un año en contestarme", explicó el anciano.

Por esas casualidades del destino se unieron, pero nunca formalizaron su relación ante Dios y los hombres.

Fue en esta campaña de solidaridad que emprendió la sección Metro de EL HERALDO, donde la pareja tuvo confianza de expresar su deseo de unirse en santo matrimonio.

"A mí me gustaría mucho casarme porque quiero morir en gracia de Dios", manifestó hace un mes don Celestino quien aprovechó la ocasión para pedirle matrimonio a su amada Crucita.

Entre risas y haciéndose de rogar, ella le respondió que sí quería casarse.

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 Están más que conscientes que les faltan apenas cuatro días para casarse y la emoción les brota por los poros.
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