Honduras
Antes del 21 de septiembre todo era paz y tranquilidad en la residencial Palmira. Pero, la mañana de ese lunes llegó misteriosamente y sin previo aviso un inquilino que algunos habitantes de la zona califican como el "huésped indeseable".
El fortín político en que ha convertido la Embajada de Brasil el derrocado presidente Manuel Zelaya ha alterado el libre paso y la privacidad de los moradores de la "zona cero", convirtiéndola en el sitio de mayor resguardo policial y militar de la ciudad.
Desde ese día que Zelaya ingresó con un numeroso grupo de seguidores, las personas que habitan en los 200 metros cuadrados acordonados alrededor de la sede diplomática figuran en una limitada lista como las únicas personas que tienen acceso libre al perímetro, donde ni siquiera la prensa puede entrar.
Las 30 familias acordonadas deben accesar ahora a sus viviendas bajo fuertes medidas de seguridad y solamente con pase autorizado, previo a la revisión de sus vehículos.
Sin embargo, la mayoría de estos capitalinos dicen no estar incómodos con tan estricto control, por el contrario se sienten privilegiados de contar con la máxima seguridad en sus residencias.
Seguridad envidiable
Don Juan Manuel Gálvez es uno de los habitantes que tiene su residencia en la "zona cero".
El hecho de vivir justo enfrente de la Embajada de Brasil, durante los primeros dos días de la llegada de Zelaya y sus simpatizantes, le produjo cierto grado de incomodidad.
"Las primeras dos noches con este ‘huésped’ fueron una tortura, por los gritos y los disturbios que se escuchaban casi dentro de la casa. No pudimos dormir en lo absoluto", comentó.
Don Juan recuerda que ese lunes que se internó Zelaya y sus seguidores estaba fuera de su residencia y a su regreso tuvo que dejar su automóvil fuera del perímetro y entrar casi volando (de la velocidad) a su hogar.
"Era un caos y casi imposible entrar. Toda esa gente estaba en la calle y muy cortésmente el Ejército me resguardó para entrar a mi casa", relató, mientras miraba con orgullo a los uniformados que le permitían a él y su esposa cruzar el retén.
La turba que se apostó todo el día en las afueras de la embajada le hicieron un rayón a su automotor, pero su casa se salvó del vandalismo.
Sin embargo, lamentó que la vivienda de su vecina se llevó la peor parte, ya que los manifestantes entraron como "Pedro por su casa" y destruyeron todo a su paso.
A una semana y media de estar fuertemente resguardada la zona, don Juan Manuel dice que más bien los vecinos sienten que viven en la zona más segura del país.
"Lo único es que tenemos que reportarnos al salir y entrar, pero por lo demás nos sentimos muy seguros y protegidos. Estamos orgullosos de nuestros policías y militares, por amables, corteses y profesionales que son", agregó.
Para Linda Ramírez, empleada de una de las empresas acordonadas, el fuerte dispositivo militar es solo una forma de evitar que "Mel" siga dañando al país. La joven, que labora como secretaria, aseguró que no hay zozobra en el interior de este lugar, "todo lo contrario, nos sentimos en una zona privilegiada por tanta seguridad junta".
El proceso de identificación también lo vive a diario Gladys Valladares, otra de las residentes del lugar quien solo tiene que identificarse, permitir la revisión de su vehículo y salir o entrar sin ningún problema.
"La verdad estoy tranquila, no tengo problemas porque los agentes son bien amables con los vecinos que, por cosas del destino, estamos acordonados", comentó. Y es que Daniel Molina, portavoz de la Policía, detalló que en cada cordón de seguridad existe un minucioso control de la gente que entra y sale de la zona, donde el 90 por ciento está restringido.
"No se permite el paso a personas no autorizadas ni a la prensa. Las únicas personas que entran son las familias que habitan en la zona, delegaciones de derechos humanos y la gente autorizada por el gobierno", pormenorizó.
Calculó que en la zona cerrada existen unas 30 residencias y varios edificios de apartamentos, y cada habitante está bien identificado al igual que su familia y sus vehículos.
Sin embargo, se conoció que desde el lunes 21, al menos cuatro habitantes han emigrado a las viviendas de sus familiares por temor a los disturbios.
"Nosotros no vimos la necesidad de salirnos, pero sí hay vecinos que han emigrado a las casas de sus familiares a esperar que se solvente la crisis acá", informó Valladares.
Lo que la mayoría de moradores no comprende es que si Manuel Zelaya insiste en que jamás ha dañado a alguien y que no ha cometido ningún delito, ¿qué lo detiene para presentarse ante las autoridades?.
* Las cifras:
200 Metros cuadrados aproximadamente conforman la "zona cero" que está acordonada, rodeando la Embajada de Brasil.
30 Residencias han quedado encerradas en la "zona cero" y sus habitantes deben entrar y salir bajo un dispositivo militar.
* El acceso: La Policía ha otorgado permisos especiales a empleados de las empresas acordonadas y junto a los vecinos son los únicos que pueden ingresar al área.