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Feliz boda de pareja de ancianos en Tegucigalpa

Rodeados por el cariño de los suyos, doña Crucita y don Celestino gozan hoy de la bendición de Dios. Cadena de solidaridad, iniciada por EL HERALDO, hizo posible el final feliz
20.10.09 - Actualizado: 21.10.09 08:23am - Lourdes Barahona: lourdes.barahona@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

Se miraban como si aún tuviesen 20 años. Ella a su costado, sentada en una silla, cuidándolo como siempre lo ha hecho desde hace 53 años, y él viéndola con infinita ternura.

Ahí en su hogar, reconstruido con la solidaridad de decenas de almas, doña Crucita y don Celestino cumplieron su sueño de recibir el sacramento del matrimonio. Crucita, ¿quieres ser mi esposa? Sí quiero, contestó ella con mucha seguridad y llena de emoción.

Celestino, ¿quieres ser mi esposo? Sí quiero, afirmó sin pensarlo dos veces su amado compañero, con una mirada tierna y amorosa.

Tomados fuertemente de las manos como dos jóvenes enamorados, María de la Cruz Torres, de 87 años, y Celestino Silva Acosta, de 90, se unieron ante Dios en una sencilla ceremonia religiosa dirigida por el padre Maximiliano Orellana, en la que juraron amarse hasta que Dios decida separarlos.

Sueño cumplido

Las líneas de Dios están escritas a su manera. Un sorpresivo quebrantamiento de salud de don Celestino, que lo mantiene acostado en su cama, cambió por completo los planes de la boda.

Pero eso no impidió que la pareja estuviera feliz. Ella lució hermosa con su vestido de novia color blanco diseñado por Ángella Andonie, elaborado con finos encajes y un velo con su respectivo tocado decorado con flores, que cubría su cabello plateado, peinado en un moño.

El padre Maximiliano Orellana, de la Sociedad Amigos de los Niños de la Parroquia de Suyapa, dirigió a los presentes un hermoso mensaje que los instó a ver el matrimonio como un sacramento y una oportunidad de estar en paz con Dios y listos para rendirle cuentas.

Después del sí acepto, la pareja intercambió sortijas como símbolo de amor y fidelidad.

"Celestino, recibe este anillo como símbolo de mi amor", y colocó la sortija en el dedo anular de su compañero.

Más tarde, el sacerdote invitó al novio a entregarle las arras a su compañera, como signo de prosperidad y del cuidado que han tenido, él para traer pan a su hogar y ella para saber administrarlo. Las manos sobre la Biblia, el rosario y el lazo que los une para siempre en la gracia de Dios, fueron el cierre del acto litúrgico sellado con un beso de amor, que esta vez fue doña Crucita quien tuvo que robárselo a don Celestino.

* El gran día: Después de estar juntos más de 50 años, doña Crucita y don Celestino sellaron su amor ante Dios y los hombres, acompañados de sus seres queridos.

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