Honduras
La pestilencia y la contaminación conviven bajo un mismo techo en la vivienda de doña MarÃa Elena MejÃa, de 88 años.
La anciana, residente en la colonia Alemán número uno, se expone a diario junto a su familia a las consecuencias que dejó una bomba de tiempo, que explosionó hace rato.
Cerca de la vieja casa, en la que doña MarÃa Elena ha vivido más de la mitad de su vida, corren las malolientes aguas de una quebrada, que durante años ha sido utilizada como colector de aguas residuales. Las excretas de buena parte de la ciudad, corren libremente frente a los ojos y las narices de la anciana, a quien no le ha quedado otra que acostumbrarse a la hediendez, que aumenta su intensidad cuando calienta el sol.
"El SANAA es el responsable de esta barbaridad. Mire cómo vivimos, como animales. Las autoridades nunca se han preocupado por hacer algo por nosotros los pobres. Y cuando nos enfermamos nos encontramos con que no hay medicinas en los hospitales", dijo con tristeza doña MarÃa Elena.
Daño a la salud
El sistema sanitario de la capital agoniza y con él arrastra la salud de miles de pobladores como doña MarÃa Elena y su familia.
El mal estado de las tuberÃas es latente en buena parte de la ciudad, aunque las autoridades del SANAA afirman que solo un 30 por ciento de las mismas está en mal estado, pero que un alto porcentaje de capitalinos, ni siquiera tienen acceso al sistema.
Sin embargo, la falta de colectores provoca que un 50 por ciento de los desechos de la ciudad vaya a parar a rÃos y quebradas que transitan cerca de las viviendas de centenares de familias.
Trastornos como dolores de cabeza, infecciones gastrointestinales en niños de 0 a 12 años y hasta afecciones en la piel, son algunos de los sÃntomas que, según las autoridades de Salud, presentan estas personas que están expuestas a la contaminación.
Rigoberto Barahona, jefe del departamento de Medicina Interna del hospital General San Felipe explicó que la incidencia en atención por enfermedades gastrointestinales es enorme en ese centro asistencial.
La frecuencia de casos de enfemedades estomacales se registra porque las mismas personas han entrado en contacto ya sea por vÃa oral o el tacto con heces fecales y otros desechos que corren libremente entre las casas de decenas de capitalinos.
Este peligroso contacto que también incluye el olfato puede provocar infecciones provocadas por salmonelosis y fiebre tifoidea.
"Los padecimientos se manifiestan con malestar general en el cuerpo fiebre, náuseas, vómito, diarrea y deshidratación que podrÃa causar la muerte del paciente", explicó Barahona.
Asimismo, los patógenos que más "presencia" tienen en la población y que atacan principalmente a niños y personas de la tercera edad, son la salmonella, escherichia coli, shigella, giardias y amebas.
Expuestos
Las infecciones en el organismo usualmente resultan por la ingesta de agua o alimentos contaminados con esporas contenidas en las heces fecales, que al secarse diseminan sus partÃculas en el ambiente.
Según el galeno, "el problema radica en no contar con una salud preventiva permanente, y la falta de acceso a los servicios básicos, que provoca que se incrementene las enfermedades gastrointetinales, specialmente en la temporada de verano".
Los primeros efectos que padece un menor al haber entrado en contacto con agua contaminada con heces fecales son fiebre, náuseas y vómito. Esta contaminación es provocada generalmente por grandes metros de tuberÃas de aguas residuales ubicadas cerca de las que conducen el agua potable y que al haber fugas provocan una mezcla que puede ser el detonante.
"Debemos acostumbrar a nuestra familia a practicar las medidas de higiene adecuadas. Sobre todo si no se cuenta con acceso directo al agua potable", dijo Carmen RamÃrez, asistente de enfermerÃa del centro de salud Alonzo Suazo. Desde practicar un buen lavado de manos que garantiza que no habrá contaminación al momento de consumir los alimentos, hervir el agua que se consume o por lo menoss clorarla administrando 5 gotas de cloro por cada litro, son medidas prácticas que ayudarán a la población a protegerse de enfermedades infecciosas.
"No se debe dejar los alimentos, expuestos al aire libre para evitar que las moscas los contaminen. Las frutas y vegetales deben dejarse reposar en un recipiente con agua clorada para librarlas de una posible contaminación. Siguiendo estos consejos básicos, habrá menos casos de cuadros infecciosos en los hospitales", explicó RamÃrez.
El problema requiere de soluciones reales. De los 2,500 kilómetros que conforman la red sanitaria de la capital, más de un 30 por ciento se encuentra en mal estado. Y en algunas zonas, las tuberÃas que cumplen más de 40 años, han convertido en rÃos de heces fecales, las calles de decenas de colonias capitalinas. Las nuevas autoridades deberán buscar 500 millones de lempiras, que son los fondos que se necesitan para cambiar totalmente las tuberÃas.