Honduras
Mientras su esposo trabaja de vigilante en una empresa cercana, doña María Pacheco y sus tres adolescentes hijos se dedican de lleno a la siembra de maíz y frijoles.
Su pequeña parcela de media manzana da abasto para el consumo y hasta para la comercialización del denominado grano de oro.
A unos metros de distancia de su humilde vivienda, localizada en al aldea Palo Blanco, crece un hermoso maizal en aproximadamente dos manzanas de tierra.
Las verdes plantaciones que ya alcanzan el metro de altura son solo el presagio de la excelente producción agrícola que esperan sus productores.
Y es que la salida a Olancho es la productora por excelencia del maíz y el frijol, pero paradógicamente solo importa una mínima cantidad a la ciudad.
La razón es simple: a la mayoría de pequeños productores les es más rentable consumir o vender su producción en las aldeas cercanas, que traerlas a la ciudad.
Es toda una odisea lograr colocar sus productos. El proceso comienza con la entrega.
A veces hacen hasta turnos para aplicar, luego tienen que procesarlo y llevar el producto hasta donde se los compran.
Lo triste es que para que esta gente venga a recibir su pago son mínimo 15 días de espera.
"La milpa es más para la familia. Lo que distribuimos se queda en la misma comunidad ya que trasladarlo hasta los mercados representa más gastos y trámites que ganancias", confirma Pacheco.
Esta zona alberga, según la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), unos 600 de los alrededor de 1,500 productores que se dedican a las labores agrícolas en los cuatro puntos cardinales de la capital.
Según estos agricultores, la falta de apoyo del gobierno es una de las razones por las que en esta zona apenas un 15 por ciento de lo que se produce sale a la venta. El resto es para consumo de sus familias.
Suelo prodigioso
La salida a Olancho está más encaminada al cultivo de maíz y de frijol, pero las hortalizas crecen como las margaritas en pleno verano, debido a las fértiles tierras.
La tierra en este sector es propicia para todo tipo de siembras, aseguran los agricultores, ya que no necesitan de mucho tratamiento y preparación para cultivar.
"Aquí la tierra es muy buena, únicamente se deshierba el terreno cuando son las postreras, que son dos veces por año y, por bendición de Dios, todo crece", indicó Reynerio Vargas, productor de la adyacente comunidad de Casa Quemada.
En los campos cultivados es muy común ver que entre los maizales se encuentran las pequeñas plantas de frijoles.
Debido a que estas tierras son muy fértiles, algunos agricultores experimentan sembrando todo tipo de plantaciones, como hortalizas, tubérculos y frutas.
Don Randolfo Ramírez, productor de la aldea Río Abajo, tiene sembrado en su extenso terreno guayabas, bananos, ciruelas, mangos y papayas, y al pie de estos árboles frutales hay yuca, ayote y camote.
"Esta zona necesita apoyo del gobierno, aquí hubiera mayor producción si tuviéramos asistencia técnica y económica, ya que la tierra es muy buena para la siembra", indica, mientras con su filoso machete corta la maleza de su plantación.
Las grandes parcelas de tierra cultivadas en las comunidades en la salida a Olancho crecen hasta sin ningún tipo de fertilizante.
Uno de las zonas de cultivo más prósperas y grandes son los predios propiedad de los herederos Padilla, donde alrededor de 40 familias producen en cantidades industriales para suplir a las otras comunidades y una mínima cantidad para la ciudad.
Para estos productores no hay nada mejor que producir sus propios alimentos, aunque resienten no tener el apoyo para mostrar y competir en calidad y precios con los productos que se importan al país.
A sus 70 años de edad, a don Reniery Vargas no le da miedo comenzar a ser un productor-exportador, si le dieran la oportunidad, los incentivos y las facilidades de pago para producir sus parcelas.
Todos los días, a las 5:00 de la mañana, este pequeño productor está en pie, ordeñando sus vacas, para luego vender la leche de casa en casa con sus vecinos.
"No tengo cómo poner a producir mis tierras, entonces aprovecho mis animalitos. El dinero que saca de la leche y los huevos de mis 70 gallinas ponedoras, lo invierto en semilla", relata.
Las autoridades de la SAG reconocen que el productor es tan importante como el producto mismo y enfocan sus esfuerzos en lograr alianzas para buscarle mercado a sus productos, apoyarlos técnicamente con coinversiones y la triangulación de financiamientos, es decir entre la SAG, los organismos financieros y el productor.
Sin embargo, este rubro reciente el pírrico apoyo que reciben de parte del gobierno.