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La inseguridad campea en los centros educativos

La falta de vigilantes y sistemas de seguridad agudiza el problema
16.02.11 - Actualizado: 16.02.11 11:58pm - Redacción : redaccion@elheraldo.hn

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Tegucigalpa ,

Honduras

Serie 2/3

El regreso a clases causó emoción entre los alumnos del jardín de niños Club de Leones, por la añoranza de volver a compartir con sus compañeros, amigos y maestros.

Pero sus inocentes sonrisas se convirtieron en lágrimas, dibujando rostros acongojados cuando al entrar en los salones de cómputo se encontraron con la sorpresa de que las máquinas fueron saqueadas.

El retorno a clases tuvo este año un sabor agridulce para los niños, puesto que los delincuentes aprovecharon la temporada de vacaciones para saquear todo lo que encontraron a su paso en el aula de computación y la sala de merienda.

Los facinerosos sustrajeron, por un agujero que hicieron en el techo, las 12 computadoras, un televisor, un reproductor de video, dos estufas eléctricas, un microondas y hasta los utensilios de cocina.

Golpe a la educación

La falta de personal de vigilancia, el mal estado o la poca altura de los muros, los inexistentes sistemas de seguridad y la falta de alumbrado público son las principales causas de asaltos, robos y hurtos en los centros educativos de la capital de Honduras.

El flagelo de la inseguridad continúa dando un duro golpe a los escolares en los lugares donde los robos forman parte de la rutina diaria, que hasta han llegado al extremo de ejecutarse a plena luz del día.

El móvil de la mayoría de los atracos en las escuelas es la codicia de los malvivientes por apoderarse del equipo de las llamadas aulas de innovación educativa o centros de cómputo.

Los delincuentes, aprovechando la falta de vigilantes, se introducen en los centros de primera enseñanza amparados en la oscuridad de la noche para romper portones, candados y hasta techos con el fin de lograr su objetivo: llevarse todos los equipos electrónicos que encuentren a su paso.

El jardín de niños Club de Leones, ubicado en el barrio Morazán, a inmediaciones de la Feria del Agricultor, es solo una muestra de la crítica situación de inseguridad en la que se educan los niños capitalinos.

La directora de este centro educativo, Doris Matute, asegura que ya van cinco ocasiones en las que han sido asaltados, por lo que temen ser presas de los delincuentes durante un día normal de clases.

"Lo ideal sería que todo el muro contará con serpentinas y tener un vigilante nocturno, actualmente contamos con vigilancia solo de 7:00 de la mañana a 3:00 de la tarde", manifestó.

Una situación similar se vivió en diciembre pasado en la escuela República de Nicaragua, cuando las ventanas y puertas del centro de computación fueron forzadas. Denia de Molina, directora del centro, indicó que los delincuentes habían dejado abierta el aula seguramente con la intención de regresar al día siguiente para robarse el equipo de computación.

"Por fortuna, el odontólogo que atiende la clínica dental vino a recoger unos instrumentos y se percató del incidente, enseguida me llamó y yo acudí de manera inmediata con un grupo de policías, pues me daba temor entrar sola", relató aún impresionada.

Los que no corrieron con la misma suerte fueron los estudiantes y maestros de la escuela 21 de Octubre, ubicada en la colonia del mismo nombre.

En este centro educativo, los ladrones se llevaron todo lo que encontraron, incluso el cableado del alumbrado de la escuela, dejando sin luz eléctrica los salones de clases.

Marco Antonio Mejía, maestro del centro educativo, informó que los asaltantes solo dejaron esparcido por los alrededores de la escuela los tubos de pvc que cubrían los alambres.

"La situación es insostenible, ya han ingresado a robar en tres ocasiones, en una de ellas se robaron 10 latas de pintura que teníamos previstas para pintar algunas aulas", afirmó indignado.

Temor

Por si fuera poco, en las afueras de los centros de primera enseñanza, los estudiantes y maestros son víctimas de asaltos cuando se disponen a entrar o salir de las instalaciones. Javier López, un pequeño de 7 años que cursa el tercer grado en la escuela República de Nicaragua, asegura que le da miedo salir a la calle porque los ladrones rompieron una de las ventanas de un aula.

"Yo tengo miedo de que regresen y nos quieran llevar a nosotros", afirma el pequeño con temor. Mientras los hechos delictivos son el pan de cada día en los centros educativos, las autoridades de educación tienen una respuesta para cada denuncia, afirmando que se comprometerán a mejorar las condiciones de seguridad, pero no pasan nunca a la acción.

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El mal estado de portones y llavines -y para colmo la falta de vigilantes- convierte a los centros de enseñanza primaria en presas fáciles de los asaltantes.

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