Honduras
El Día del Niño no es solo un sinónimo de juguetes, pastel o piñatas para los estudiantes del quinto grado de la Escuela Francisco Morazán del barrio La Ronda de Tegucigalpa.
Estos pequeñines van más allá, dentro de su inocencia y la agilidad de sus mentes, la idea de contar con un país con menos delincuencia es una prioridad que cambiarían por cualquier carro o muñeca, por grandes y costosos que fuesen.
Para los apenas 35 alumnos, -en su mayoría entre los 10 y 12 años- que conforman el quinto grado sección "A" del centro escolar, ese día dedicado a ellos no es más que una oportunidad para gritarle a los "adultos" que, pese a su diminuta altura, están al tanto de lo que acontece en el país y que al igual que a sus padres les preocupa mucho el ambiente hostil donde les tocará crecer.
Una forma diferente
Siempre en los murales conmemorativos al Día del Niño se busca destacar la celebración y sus protagonistas.
En el quinto grado de este centro educativo, este año fue diferente. María del Carmen Urbina, la maestra de quinto "A", prefirió conocer el sentir y pensar de sus transparentes corazones por medio de una pregunta: ¿Qué anhelan ser cuando sean grandes?
La forma de encontrar respuesta a sus preguntas fue decorando un mural dentro de su salón de clases, donde cada niño dibujó una de sus manos, ya sea la izquierda o derecha, y dentro de ella escribió su más grande deseo, a sabiendas que dentro de unos años les será más dificil, pero no imposible, soñar con algo, pues la dura etapa de la adolescencia los llenará de otras necesidades distintas a las de los niños.
Lo más asombroso del mural es que la mayoría de infantes, quieren ser abogados, jueces o fiscales cuando sean grandes, para meter a la cárcel a los corruptos de Honduras.