Honduras
Es el Príncipe de las milicias celestiales.
Imponente, ataviado con ropaje de guerrero, empuña en su diestra una espada que representa poder, fuerza y la palabra de Dios. Y en su izquierda porta la balanza de la justicia y la voluntad.
A la cabeza de una serie de ángeles que se posan hermosos sobre el altar mayor de la Catedral, el Arcángel San Miguel, es el custodio de Tegucigalpa, su santo patrono, una autoridad que, según la Biblia, está en constante batalla venciendo el mal con el bien.
Testimonios de fe
Es esa lucha y cercanía con Dios, que cada año inspira a Andrea Rodas, a rezar la novena en su honor en la iglesia Catedral.
“Desde muy pequeña siento un gran cariño y devoción por San Miguel que mi madre me ha ido inculcando. Yo sé que él es el ángel guardián de mi familia”.
Esta veneración de la imagen, que después de Dios y la virgen de Suyapa, representa la fe de los tegucigalpenses, es compartida por doña Juana Olimpia López, una anciana de 78 años, que cada año asiste a la novena y a la procesión en honor del santo, una tradición que afirma, cumplirá hasta que Dios se lo permita.
“Siempre le rezo a San Miguel. Desde que comenzó la novena aquí en la Catedral no he faltado ni un tan solo día; así voy a seguir hasta que Dios quiera, también pienso ir a la procesión, tal como lo hago todos los años”.
En el popular mercado San Miguel, también se le rinden honores al santo patrono de Tegucigalpa. Desde que se fundó esta plaza de ventas, una de las primeras en la capital, hace aproximadamente 106 años, San Miguel se ha convertido en el guardián y protector de los vendedores.
Una pequeña capilla ubicada en un sitio estratégico de este centro de ventas, cobija a la imagen tallada en fina madera, traída desde Guatemala, y que data de 1959.
Acompañan a la escultura dos ángeles. Este año, en conmemoración de su fiesta, el arcángel vestirá fino ropaje de color amarillo, que desde ya está siendo preparado por Juana Francisca Flores, Haydeé Coello y Bertha Irías.
Aunque en Tegucigalpa no se registran datos precisos desde cuándo data el culto al Arcángel San Miguel, solo se sabe que puede estar relacionado con la efemérides de fundación de la ciudad, el 29 de septiembre de 1578.
Ya que según recopila el libro “El Elogio de Tegucigalpa”, cuando se creaba una villa, se le bautizaba con el nombre del santo que se celebraba ese día.
Lo que sí es seguro, es que desde esa época el incansable guerrero, portador de la fuerza y la justicia custodia y protege al antes pueblo minero de Tegucigalpa.
La devoción
Respecto a la fe que le prodigan los capitalinos al santo patrón, Juan Carlos Martínez, sacerdote de la Catedral Metropolitana, explica que esta es una fe manifiesta en la búsqueda de Dios, de esperanza, amor, reconciliación y solución a sus problemas.
“Al ver la figura de San Miguel Arcángel como el vencedor del mal, el enviado de Dios, como aquel, que su nombre significa ‘Quién como Dios’, en fuerza, amor, poder, perdón y misericordia; entonces el pueblo capitalino se vuelca a él sintiendo presencia de Dios”, manifestó Martínez.
Y es que, en síntesis, el capitalino va transmitiendo su fe directamente a Dios, pues no se queda solo en el ángel, ya que San Miguel, es solo el enviado.
“Hay que tener presente que este arcángel es solo un enviado de Dios, que el mensaje que trae es la palabra de Dios, por lo tanto, nuestra fe debe estar orientada a Dios y eso es lo que queremos que el pueblo capitalino encuentre”.
Así como el pueblo hondureño se identifica con la patrona de Honduras, la morenita de Suyapa, el tegucigalpense manifiesta su afinidad por el arcángel custodio.
Esta fe y devoción hacia el patrón de Tegucigalpa es la herencia que los ancestros han legado de generación en generación.
Aunque para algunos, el santo patrono pase desapercibido, para los fieles nacidos en las entrañas de la capital es, sin duda, un signo más que los representa como capitalinos.