Honduras
Aulas que no reúnen los requisitos pedagógicos, insalubridad, inseguridad y, sumado a esto, la negligencia de los docentes forman parte de la “calidad” educativa que reciben cientos de niños capitalinos.
En pleno siglo XXI, cuando la educación debería ser el motor fundamental para la transformación social y apegarse a los avances que impone la alta tecnología, en la capital de Honduras hay alumnos que reciben el pan del saber sentados en el duro suelo por falta de mobiliario, o en los pasillos, ante la carencia de salones de clases.
Qué decir del material didáctico, o libros de texto, un buen porcentaje de educandos desconocen este recurso indispensable en el proceso enseñanza-aprendizaje.
Lo anterior desde luego ocurre a vista y paciencia de las autoridades, que poco o nada hacen por poner al alcance del futuro de Honduras una educación de calidad.
Condiciones deplorables
Una muestra del caos en que ha caído la educación se ve reflejado en la Escuela República de Honduras número 2, de la colonia Altos del Paraíso.
Este centro educativo que pertenece al distrito escolar número ocho cuenta con una matrícula de 650 alumnos.
Laboran 20 maestros y se imparten clases en doble jornada. Entre los problemas que enfrenta están tres aulas cuyos techos se encuentran completamente destruidos y amenazan con caerse.
Ante las peticiones, las autoridades competentes, en este caso el departamento de Construcciones Escolares del Ministerio de Educación, se han llamado al silencio, dejando este problema y otros que enfrentan muchas escuelas capitalinas en el olvido.
Entre las deficiencias que se pueden apreciar, los techos de estas tres aulas están completamente destruidos.
“Hemos pedido toda la ayuda posible a las autoridades, principalmente a Educación, pero la respuesta no ha llegado”, declaró Mayra Sosa Sierra, directora de la escuela.
De acuerdo con informes, con la puesta en marcha del programa Matrícula gratis, que promueve la presente administración gubernamental, a las escuelas públicas la Secretaría de Educación les asigna un presupuesto que es destinado para atender problemas que surgen al interior de los centros educativos.
Para el caso, la escuela República de Honduras número 2 recibe la suma de 61 mil lempiras por este concepto, que es invertida para el pago de aseadora y vigilante, entre otras necesidades.
“Del presupuesto que nos asigna el Ministerio de Educación por concepto de matrícula gratis, se nos va una buena cantidad en el pago de empleados; los vigilantes y las aseadoras son pagados de esa asignación”, explicó Sosa Sierra.
Flagelo de la inseguridad
A las condiciones antipedagógicas en las que se obliga a los escolares a recibir clases hay que sumar otro flagelo no menos importante, que por sus consecuencias requiere atención inmediata.
Actualmente, la inseguridad está rondando los centros educativos, especialmente los que se encuentran en el distrito número 8, que comprende las zonas de El Carrizal, José Ángel Ulloa, Fuerzas Unidas, Altos de El Paraíso y Nueva Capital, entre otras, que se han catalogado como los sectores más violentos de la ciudad capital.
“Otro de los problemas que enfrentamos es el relacionado con la seguridad, puesto que nuestros niños muchas veces se han visto amenazados por los antisociales: una porque no tenemos vigilancia suficiente y otra que la colonia es un poco peligrosa”, señaló la directora.
La escuela José Ángel Ulloa, ubicada en la colonia del mismo nombre, donde se atienden a 710 escolares, no solo enfrenta problemas con la infraestructura del plantel escolar, donde varias aulas y el cerco perimetral presentan daños, sino que la inseguridad también envuelve a los alumnos.
De acuerdo a versiones de la subdirectora del centro escolar, Gladys Díaz, grupos de delincuentes cometen el abuso de introducirse a las aulas de clase a molestar a los menores, aun a causar perjuicio en las instalaciones.
“Incluso el viernes anterior desnudaron a un niño, le quitaron la ropa, luego algunos de ellos les roban el poco dinero que traen los alumnos”, declaró la docente.
Este problema ha hecho que el personal de la escuela José Ángel Ulloa recurra -sin obtener hasta los momentos respuesta- a las autoridades de la cuarta estación de policía.
La petición que hacen es que se asignen dos elementos de seguridad para que ejerzan vigilancia por la zona.
Otro de los centros afectados no solo por la inseguridad es la escuela Cámara Junior 1, de la colonia San Luis, aquí el cerco perimetral tiene varias grietas, dejando la entrada libre a los ladrones.
La insalubridad es otro problema que aqueja a las escuelas públicas de la capital. Una de las evidencias es el centro Víctor F. Ardón de la colonia Villa Nueva.
Los más de mil alumnos matriculados en la escuela se ven obligados a hacer sus necesidades fisiológicas al aire libre, ya que las cuatro letrinas existentes, a parte de ser insalubres, presentan vulnerabilidad debido a que el suelo que no es lo suficientemente compacto, lo que provoca temor en los alumnos.
Igual ocurre con la escuela República de Chile, ubicada en el popular barrio El Reparto, cuya vivienda antigua en la que funciona desde 1982 está apunto de caerse y amenaza la vida de 700 alumnos.
Aunque las autoridades de Educación conocen del caso, han hecho oídos sordos. Estos centros educativos que hoy se destacan son solo una muestra mínima de las condiciones deplorables en que la mayoría de los niños capitalinos reciben el pan del saber.