Honduras
Los países del mundo enfrentan una severa crisis: la violencia. Honduras, como nación tercermundista, vulnerable a los flagelos sociales, no es la excepción.
Y qué decir de la capital, donde el fenómeno de la violencia golpea con fuerza. Tanto en Tegucigalpa como en Comayagüela, ciudades con más de un millón y medio de habitantes, la violencia se manifiesta de múltiples formas.
Entre estas tenemos las denominadas tribus y grupos urbanos, de los que se destacan las barras bravas de los equipos de fútbol de la Liga Nacional.
Barras en la mira
Las personas que se agrupan bajo este término (barras bravas) mantienen a la expectativa a las organizaciones gubernamentales y a la sociedad civil en general.
Para abordar este álgido tema, miembros del Programa Nacional de Prevención, Rehabilitación y Reinserción Social (PNPRRS) se reunieron con organizaciones de la sociedad civil para buscar soluciones.
El objetivo del encuentro se mantuvo enfocado en analizar nuevas formas de intervención para prevenir la violencia, especialmente la que afecta directamente a los jóvenes de la sociedad capitalina; de esta manera se han planteado nuevos retos y desafíos que permitan un mejor abordaje y tratamiento de esta situación.
De acuerdo con uno de los expertos sobre el tema de pandillas y grupos urbanos, Gustavo Sánchez, este es un fenómeno social contemporáneo que se manifestó desde hace tiempo en todo el mundo, pero que a la vez ha venido a afectar al país.
En el caso particular de las barras bravas, son agrupaciones que surgieron en Europa y Sur América con diferentes manifestaciones de violencia, donde gente que en teoría es afín a un club o un equipo de fútbol trata de manifestarse en contra de otras barras o facciones que apoyan al mismo equipo, pero con diferente pensamiento o ideología; todo gira a través de la violencia.
“Estos grupos agreden a sus oponentes y causan daños a lugares públicos, a la propiedad privada general, y desgraciadamente en nuestro país hace algunos años se están manifestando con consecuencias muy graves”, explicó Sánchez.
El escenario
Un ejemplo de cómo las barras bravas van dejando huellas de violencia en la ciudad sucedió el domingo recién pasado, cuando falleció una persona a consecuencia de un enfrentamiento entre los dos equipos clásicos de la Liga Nacional.
Unos 5 mil jóvenes capitalinos pertenecen a la barra conocida como Ultra Fiel, del Olimpia. Estos en su mayoría residen en colonias como El Lola, Arturo Quezada, 21 de Febrero, Los Laureles, Bella Vista y Los Profesores.
Mientras la Revo, del Motagua, la integran 2 mil jovencitos que en su mayoría provienen de colonias como Santa Fe, Centro, El Reparto, San Miguel y El Pedregal.
En el evento que se desarrolló en un hotel capitalino se discutieron los resultados de una investigación sobre las barras bravas que actualmente se encuentran en la palestra pública.
El estudio fue realizado por el Diplomado sobre Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) y otros sectores enfocados en prevenir las causas de este flagelo social que está generando intranquilidad y temor entre los fanáticos del balompié en el país.
La investigación presentada por los estudiantes Samuel David Díaz y Alex Figueroa se enfocó en descubrir y comprender la organización que las barras de los equipos Olimpia y Motagua tienen a nivel del Distrito Central y qué obliga a los jóvenes a pertenecer a ellas.
“Los problemas que pudimos identificar es que ellos están buscando pertenecer a un grupo y que no encuentran en otro sector o espacio en la sociedad, además porque a estos jóvenes se les excluye de muchos aspectos como la participación política, actividades recreativas y educativas”, informó Díaz.
Pertenecer a estas barras va acompañado de un sentimiento natural de rivalidad, más cuando se trata de defender a los equipos, pues siempre lo hacen de manera violenta.
El contexto social también juega un papel determinante cuando se trata de resolver problemas por la vía de la violencia.
Alternativas
Según un informe del Observatorio de la Violencia en la Capital, entre los sectores más conflictivos se encuentran las colonias Villa Nueva, El Carrizal, La Sosa, Los Laureles, 3 de Mayo, El Pedregal, Nueva Capital, La Travesía, Los Profesores, San Francisco y Campo Cielo, entre otras.
Para atacar este fenómeno, Nolvia Cruz, directora del PNPRRS, opina que “al problema le daremos el abordaje que corresponde a nivel integral, individual, familiar, comunitario y social, y daremos una voz de alerta a los padres de familia y los educadores sobre estos problemas”, apuntó.
Entre las soluciones se espera el apoyo de los directivos y de los jugadores de los equipos que estas barras apoyan.
A nivel de núcleo familiar, los padres deben tomar en serio su papel de educadores. Los talleres continuarán con el fin de encontrar soluciones viables a este flagelo.