Honduras
El techo que los cobija es el cielo, las paredes el viento inmisericorde que les cala hasta los huesos, su cama es un pedazo de cartón y bolsas plásticas constituyen sus frazadas.
Decenas de niños, adultos y ancianos viven sus noches en las calles de la capital, expuestos a las inclemencias de la naturaleza, al peligro de la delincuencia y al rechazo.
La acera de la Dirección Ejecutiva de Ingresos (DEI) se ha convertido en la vivienda de doña Carmen. Todas las noches esta humilde anciana trae consigo unos cartones viejos y un par de harapos para colocarlos en el suelo y poder ahí pasar la noche.
Instinto de supervivencia
Las bajas temperaturas que aumentan en la noche y madrugada en la ciudad es como una dura bofetada para estas personas.
Muchos de ellos son enfermos alcohólicos, personas de las tercera edad, que han sido abandonados por sus familiares y niños que inhalan pegamento o que simplemente no tienen a donde ir.
A diario estas personas se exponen a sufrir agresiones físicas. Ese es el caso de Josué, un jovencito de 14 años, de los cuales ya lleva tres viviendo en la calles.
Cubriéndose del frío con una vieja y cobija llena de agujeros, de donde apenas asomaban un par de zapatos rotos, el menor cuenta su historia, mientras bebe sorbos de lo que queda de un refresco que algún transeúnte le regaló al salir de un restaurante de comida rápida cercano.
Los abusos físicos de su padre lo obligaron a tomar la calle. “Yo salí de mi casa a los 11 años, mi papá me pegaba y me obligaba a pedir para comprar su bebida.
Decidí salirme y ahora duermo en una banca del parque Herrera o donde me agarre la noche”, dijo con la mirada perdida, mientras extraía residuos de las largas uñas de sus manos.
Historias como la de Josué y doña Carmen se encuentran por docenas en las frías noches de las calles de Tegucigalpa y Comayagüela. Ellos están ahí, pero nadie parece darse cuenta de su presencia.
En esta época, propicia para compartir, el llamado es a ayudarles, llevándoles una frazada, una vaso de leche, alimento, seguro ellos lo agradecerán.
Puntos álgidos
Las zonas donde más se puede ver a indigentes durmiendo a la intemperie son los parques Herrera y La Concordia, la acera de las oficinas de la DEI, Estadio Nacional, plaza Los Dolores, mercado La Isla primera y segunda avenida de Comayagüela, entre otras.
Casa Alianza, institución sin fines de lucro que lucha por la niñez, es una de las pocas entidades que ayuda a menores que viven en las calles.
Actualmente cobija entre 20 y 30 niños que han sido rescatados de las calles o por abuso de violencia intrafamiliar.
Para las autoridades de Casa Alianza el problema no son los indigentes en la calle sino las acciones que los políticos toman al respecto.
“Cada semana salimos a buscar a jóvenes, niños y adultos para poderles entregar una bebida caliente como un té, un chocolate o un café.
Esta campaña la desarrollamos todos los años y cada vez que se sale encontramos no menos de 120 personas viviendo en la calle.
Es difícil saber que nuestras autoridades no hacen nada por buscarle una solución directa al problema”, dijo José Manuel Capellín, director de Casa Alianza.
Este dato apunta a que, a pesar que ha habido una disminución, los indigentes suman no menos 600, por lo menos de los que se tienen identificados, sin contar a familias enteras que viven en casas de cartón en la ribera del río Choluteca.
Respuestas
Para Lucrecia de Álvarez generar ayuda especial para estos capitalinos es un gran reto. “Debemos saber que no tenemos fondos suficientes para saber que podemos echar a andar un proyecto para ellos”, expresó Álvarez.
La capital no tiene capacidad para tener estos centros asistenciales ya que se necesitan los controles requeridos para que los transeúntes entren a descansar a estos lugares sin ningún problema.
Los costos para operar un albergue donde estas personas puedan descansar podrían llegar a ser entre 2 a 3 millones lempiras.
Según estadísticas de la Alcaldía Municipal, existe una movilización a gran escala del campo a la ciudad cada año, la cual registra entre 40 a 50 mil personas, creando así un crecimiento habitacional del 60 por ciento.
Este fenómeno de migración interna preocupa a las autoridades edilicias por la falta de recursos para poderles brindar una vivienda o a su vez un techo seguro.
“Tenemos que tratar de ayudar a estas personas no dándoles comida sino enseñándoles a que trabajen por ella”, detalló Capellín.
Según un censo de la Alcaldía, a diario hay una movilización de 100 a 150 personas que llegan a la capital en busca de una mejor opción de trabajo.
Una gran mayoría no tiene a donde ir y no les queda más que buscar acomodo en invasiones, debajo de los puentes o dormir en las calles.
La falta de apoyo por parte del gobierno central, que se niega a unificar esfuerzos para poder trabajar en conjunto con las autoridades de la Municipalidad, es otra de las piedras en el camino.
Expuestos a virus
Y es que estas personas apenas empiezan a padecer, los fríos invernales que amenazan con durar todo el mes de diciembre harán aún más dura su supervivencia.
Para el doctor Daniel Vásquez Tercero, especialista en enfermedades respiratorias, la mala nutrición de esta personas y las bajas temperaturas les convierten en presa fácil de virus e infecciones.
“Estas personas muchas veces no se alimentan bien, un hecho que les obligas a ser víctimas de infecciones respiratorias, la cuales se vuelven más comunes cuando los pacientes presentan cuadros severos de neumonía, gripes, catarros y con crisis asmáticas.
Según autoridades del Servicio Meteorológico Nacional, las bajas temperaturas que se han registrado en las últimas semanas continuarán todo el mes.
”Los cambios de clima para diciembre serán constantes, la población debe estar preparada”, dijo José León Flores, pronosticador de turno.
El frío no espera y estos capitalinos necesitan de una frazada para mitigar las frías noches que viven en las calles de la ciudad.