Honduras
Hay mujeres cuyas acciones las emprenden con el noble propósito de heredarle al país obras que contribuyan a su engrandecimiento. De esa talla es la señora Zonia Canales de Mendieta.
Hoy esta mujer de 86 años se siente orgullosa de haber puesto su contribución al rescate del patrimonio cultural de la capital y de Honduras.
Caracterizada por dejar huella en cada una de las labores que le ha tocado desempeñar, como diplomática fuera del país, como viceministra y después ministra de la Secretaría de Cultura, sus ideas visionarias están plasmadas en el rescate del antiguo convento La Merced, hoy Galería Nacional de Arte y del Teatro Nicolás Avellaneda.
Su legado también trasciende cuando con esmero participó en el rescate de la emblemática Casa Fortín, en el antiguo pueblo minero de Yuscarán, cabecera del departamento de El Paraíso, y ahora este recinto se ha convertido en la Casa de la Cultura.
Se puede contar más sobre la trayectoria de esta mujer, pero qué mejor que personas que han estado al lado de ella, ya sea apoyándola en sus proyectos culturales o en otras actividades, revelen sus méritos justo cuando mañana se celebra el Día de la Mujer hondureña.
El legado de una dama
A criterio de Juan Manuel Posse, director de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño, Zonia Canales de Mendieta desarrolló una agenda que animó la vida cultural de la ciudad de una forma impresionante.
Cuando tuvo a cargo la Secretaría de Cultura no solo organizó conciertos, conferencias y exposiciones, entre otras actividades, sino que también hizo alianza con otras organizaciones comprometidas con la cultura, lo que permitió ampliar la capacidad de este ministerio.
Su legado es palpable al apreciar el inmueble de la Galería Nacional de Arte, una obra donde puso tanta dedicación.
“Doña Zonia realizó un proyecto muy emblemático que tiene que ver con la restauración del antiguo convento La Merced, que estaba en ruinas, a punto desplomarse, y ella se tomó la tarea de la recuperación del mismo; esta obra se la debemos a ella, a su labor de contribuir al rescate del patrimonio del país ”, informó Posse.
Otra obra no menos importante que realizó es la restauración del Teatro Nicolás Avellaneda, que en sus inicios fue construido para las niñas de la Escuela República de Argentina.
Canales de Mendieta gestionó fondos con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y la embajada de Argentina, para lograr la recuperación de este recinto y ponerlo a disposición del público capitalino.
“Nicolás Avellaneda es una figura importante en Argentina, por eso doña Zonia gestionó fondos para rescatar el teatro que había quedado en ruinas y completamente destruido, para volverlo un espacio cultural importante para los capitalinos”, continúo Posse.
Rosamaría Prats, directora de la Galería Nacional de Arte, es otra capitalina que valora y reconoce las obras heredadas por la ex ministra de Cultura.
“La obra de doña Zonia ha sido muy significativa, pues restauró este viejo convento, edificio que fue construido en 1654, y luego doña Ivonna St. Siegens lo acondicionó para que fuera un museo y hoy funciona en él la Galería Nacional de Arte”, declaró Prats.
Al igual que estas dos eminencias de la cultura, Enrique Aguilar Paz da fe de los méritos de esta dama capitalina que hoy destacamos en ocasión de celebrarse mañana 25 de enero el Día de la Mujer hondureña.
La conmemoración
Y es que la celebración del Día de la Mujer viene a recordar la conquista de aquellas mujeres que en 1954 elevaron su voz para obtener, sobre todo, el derecho a votar y elegir los destinos del país a través de sus gobernantes.
Desde esa memorable época, la mujer ha sido protagonista en acontecimientos trascendentales para la nación, pues ha recorrido el terreno político, educativo, cultural, social y religioso de la nación, ya que sus actividades van más allá de ser las reinas del hogar y de estar solo al cuidado de los hijos.
Este rol independiente de las labores debe ser reconocido, sin restársele mérito alguno. Pues tan importante es el trabajo desempeñado por la mujer que hace tortillas y la que vende naranjas en la calle como el de la que se desempeña en un importante cardo público o privado.