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Fieles reciben milagros de la Virgen de Suyapa

Con fe y humildad, peregrinos llegan al santuario de la patrona de Honduras a pagar las promesas por los favores obtenidos
28.01.09 - Actualizado: 29.01.09 04:55pm - Patricia Cálix : gloria.calix@elheraldo.hn

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Tegucigalpa ,

Honduras

Al primer milagro de la Virgen de Suyapa fue registrado en 1796 a favor del capitán José de Celaya, quien fue curado del “mal de piedras” o cálculos renales que sufría. Luego se suman otros.

La fama de milagrosa atribuida a la morenita se propagó y traspasó la frontera de la antañona Real de Minas, hasta llegar a otras comunidades.

Actualmente no existe un rincón de esta tierra catracha, por remoto que se encuentre, cuyos fieles no den fe de haber recibido un favor de su patrona.

Por tantos favores prodigados, el compositor hondureño José Reyes Carranza no se equivocó al describirla en su canto “Virgencita de Suyapa” “como chiquita y milagrosa”.

Y al respecto, las interrogantes surgen, ya que infinidad de personas se preguntan ¿cómo es posible que en una imagen tan diminuta, de apenas 6.5 centímetros de alto, quepa tanta grandeza y conceda tantos milagros?

Lo anterior sin caer en la idolatría, pues no se desconoce que los milagros los concede Jesucristo, su hijo, y que la madre es quien intercede continuamente.

Los milagros que se le atribuyen a la virgen de Suyapa son muchos, y de ellos hablan miles de católicos, no importando su condición social.

El que peregrina horas y horas de camino, procedente de tierra adentro, para llegar hasta su Santuario.

El que se arriesga a dormir en el atrio para ser el primero en asistir a la eucaristía o el capitalino que no pierde ocasión para ir a visitarla.

Es comprobado que pobres y ricos acuden al amparo maternal de la virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora de Suyapa, con el fin de pagar una promesa por los favores recibidos, hacer nuevas peticiones o simplemente contemplar su rostro de expresión dulce y bondadosa.

Cada peregrino hondureño confía en que encontrará consuelo en su patrona y que, además, es una fuente inagotable de milagros, pues desde el hallazgo de su imagen el 3 de febrero de 1747, en El Piligüín, lugar donde la Virgen María se hizo ciento por ciento catracha, no ha dejado de estar con sus hijos y camina junto a ellos.

Bien afirmó el papa Juan Pablo II, en su única y solemne visita a Honduras, el 8 de marzo de 1983, tras contemplar la santa imagen: “Aquí, el nombre de la Virgen de Suyapa tiene sabor de misericordia por parte de María y de reconocimiento de sus favores por parte del pueblo hondureño”.

Celebraciones

Con motivo de conmemorar la fiesta nacional de los 262 años del hallazgo de la imagen de la morenita de Suyapa, la Arquidiócesis de Tegucigalpa ha preparado un programa especial.

La novena que comenzó el pasado 24 de enero se denomina “María a la escucha de la palabra”.

Los días que siguen se llevarán a cabo solemnes eucaristías con la participación de los diferentes decanatos.

En la antesala de esta solemnidad, o sea el próximo 2 de febrero, se realizará la Procesión de las Luces, un concierto de las Fuerzas Armadas y la edición de la XVI alborada, donde participarán grupos de los 18 departamentos del país que vendrán a rendirle tributo.

“La madre espera a sus hijos en su casa. Y qué hermoso que el pueblo hondureño se identifique con la Virgen”, manifestó Hermer Sorto, párroco de la comunidad de Suyapa.

“La Virgen me tiene paradito”

Juan Amador ha convertido su peregrinaje de 28 años consecutivos en devoción y entrega hacia su madre santísima, como él le llama a la Virgen de Suyapa.

Originario de la comunidad de Azacualpa, municipio de Reitoca, y acompañado de su inseparable violín, el humilde anciano llegó al Santuario de Suyapa a entonarle a la patrona un repertorio de melodías, entre estas “Virgencita de Suyapa” y “Viva la Virgen, nuestra patrona”.

“Como no voy a querer a la Virgencita de Suyapa, ella es mi madre. Por eso vengo a cantarle con mi violín para agradecerle por la salud que me da, pues me tiene paradito”, expresó.

Amador, quien también es delegado de la palabra en su comunidad, le pedirá a la Virgen Morena más salud y bienestar.

A cambio, él promete que hasta donde Dios le preste licencia, no dejará un tan solo año de venir a visitar a la patroncita y cantarle sus canciones.

“Le pido a mi madre mucha salud”

Desde que doña Juana Francisca Salinas tiene uso de razón no ha dejado de hacer visitas al Santuario de Suyapa.

Su devoción por la Virgen es tan grande que ningún favor que ella haya solicitado se ha quedado sin ser concedido, por eso guarda tanto agradecimiento y sincera devoción por su madre celestial.

Como buena y fiel devota, ella ha depositado su confianza en la humilde esclava de Nazaret, en la madre de Jesucristo que se ha convertido en su fiel compañera.

“Yo vengo todos los años a la casa de la Virgen de Suyapa no solo a visitarla, sino a agradecerle por las cosas buenas que me da. Siempre le pido que me tenga con salud y en esta ocasión vengo a pedir lo mismo, que me dé salud, porque yo tengo mucha fe en la virgen”, relató emocionada.

“La Virgencita me dio otro bebé”

Elia Francisca Rivera creyó que jamás volvería a ser madre. Cuando sus dos hijos mayores crecieron pensó que volvería a tener en su regazo a otro pequeñín que la llenara de alegría, así como sus otros vástagos.

Con fe, día y noche y por meses enteros le suplicó a la virgencita que le permitiera concebir un hijo.

Su bendición llegó hace cuatro años, y lleva el nombre de Joel Enrique. Cada año, esta ama de casa que vive en la comunidad de La Trinidad, en el municipio de Sabanagrande, llega hasta el Santuario de Suyapa para darle gracias a la patrona de Honduras por el don obtenido.

“Yo no podía concebir más hijos y le pedí a la virgencita de Suyapa que me mandara otro niño y me lo mandó, por eso le doy gracias. Cada año vengo con mi hijito a venerar a la virgen de Suyapa, pues ella es milagrosa”, manifestó.

“Mi patroncita curó a mi hijo”

Sin importar los sacrificios de un largo viaje, Justina López llegó desde la aldea de El Espino, Lepaterique, al Santuario de Suyapa a visitar a la patrona de Honduras.

Acompañada de sus hijos, Justina manifestó que iba a pagar una promesa, porque la morenita le hizo el milagro de curarle a su hijo Juan Crisóstomo Martínez de una enfermedad que venía padeciendo.

“Yo creo bastante en nuestra madre santísima y he venido porque la Virgen me ha hecho un milagro de curarme a mi muchacho Juan Crisóstomo”, expresó con humildad.

La devota dijo que siempre que sus condiciones económicas le permiten llega a visitar a la virgen, “aunque sea con los ojos”, pues dice que no le trae limosnas más que su buena voluntad, fe y devoción.

“Hace 50 años visito a la virgen”

Don José Lucino Cruz emprende todos los años su camino desde el municipio de Sabanagrande al Santuario de Suyapa.

El labrador que desde hace 50 años mantiene viva esta devoción llegó acompañado de un ejército de hijas, nietas y bisnietas.

“Tanta ha sido mi devoción por la virgencita que me bendijo con este montón de mujeres”, expresó el anciano al referirse a su familia.

Don José Lucino recordó que la primera vez que vino tuvo que atravesar caminos de herradura y matorrales para llegar hasta la ermita de Suyapa a visitar a su fiel patrona.

“Todos los años en mi pueblo organizamos una excursión y nos venimos todos para estar junto a la morenita, hasta el día de su aniversario. No nos importa pasar frío o hambre, la fe es la que nos da fortaleza para venir cada año”.

“Heredé la devoción de mi abuela”

Cuando Doris Martínez tenía ocho años de edad, su abuela, María Dominga Martínez, la trajo por primera vez desde el municipio de Lepaterique a la iglesia de Suyapa para que conociera a la Virgencita.

Hoy, después de tantos años, ella quiere heredar a sus pequeñas, María Celeste e Ilse Griselda, esta devoción.

“Así como mi abuelita me traía aquí al santuario de Suyapa para que conociera a la Virgencita, así traigo hoy a mis dos hijas.

Yo quiero que ellas también sean devotas de la Virgen de Suyapa”, aseguró.

Martínez reveló que Nuestra Señora de Suyapa es muy milagrosa y que por eso le tiene mucha fe.

El favor más grande que ha recibido de la morenita es devolverle la salud a la pequeña María Celeste, quien padecía de asma y hepatitis.

“Ya son muchos milagros recibidos”

Sus 90 años no representan cansancio para venir desde el pintoresco municipio de Ojojona a pagar las promesas por los milagros que ha concedido la Virgen de Suyapa.

Don Lucio Hernández Gonsález expresó que si tuviera que enumerar uno por uno los favores que ha recibido de su patrona, no le alcanzarían los años que le quedan por vivir para terminar.

“Desde siempre yo he venido aquí a visitar a mi madre santísima. Hace poco yo tuve una gravedad que no comía nada, cada vez que probaba bocado me hacía daño.

Entonces, de corazón, con mucha fe yo le pedía a la Virgen que me curara y me curó, hoy he venido para pagar mi promesa, que es una limosna”, declaró el anciano.

Don Lucio aseguró que mientras tenga vida, él no dejará de visitar a la madre de los hondureños.

“Yo duermo con mi virgencita”

“Debajo de mi almohada tengo a mi Virgencita de Suyapa, yo duermo con ella y viera como me cuida”, expresó lleno de emoción José Antonio Soto.

Vecino de la Aldea El Piligüín, Soto, de 76 años, da fe de los milagros que realiza la Patrona de los hondureños.

“A mí la Virgen me hace muchos milagros, con solo el hecho de que yo voy de un lado para otro, ese es un milagro para mí, porque la virgencita viene conmigo y me cuida a todas horas”.

En la comunidad de El Piligüín, sitio donde fue encontrada la imagen de la Virgen de Suyapa, se conoce el proyecto de construir un centro de peregrinación.

Soto considera que de realizarse esta obra sería una bendición del cielo.

“Yo digo que es justo que la virgen tenga más que una capillita en esta lugar, ojalá mis ojos puedan ver ese centro que van a construir” manifestó.

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Hace 262 años fue encontrada la diminuta imagen de la virgen de Suyapa por dos campesinos en el cerro de El Piligüín.
Hace 262 años fue encontrada la diminuta imagen de la virgen de Suyapa por dos campesinos en el cerro de El Piligüín.

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