Honduras
Una hora sentado frente a una computadora de su escuela ha logrado que Gerardo Antonio Aceituno, de 11 años, descubra el mundo y sueñe con un futuro mejor.
El niño que cursa el sexto grado de educación primaria en el centro experimental básico Jorge J. Larach, de la colonia Montes de Sinaí, es uno de los estudiantes de las apenas 35 escuelas del Distrito Central que cuentan con un aula de informática.
Esta clase se ha convertido en su favorita y más cuando se da cuenta que, de las 300 escuelas que hay en la capital, apenas un poco más del 12 por ciento tienen acceso a una computadora.
El programa Ampliando Horizontes que maneja el Consejo Hondureño de Ciencia y Tecnología (Cohcit) es el ente encargado de dotar de este equipo a los centros educativos, lo que significa el primer paso para modernizar la educación no solo en la capital, sino en el país.
La modernización
Las exigencias de un mundo cambiante está obligando a los promotores de la educación pública a implementar tecnología de punta en función de ampliar los conocimiento de los alumnos.
Los esfuerzos no son muchos, sin embargo, la meta del programa Ampliando Horizontes es dotar en un 90 por ciento las salas de Innovación Educativa en la capital.
Este proyecto nació en 1993 con 66 centros a nivel de país con apoyo directo del Cohcit.
Juan Antonio Nolasco, coordinador general del proyecto, explicó que la aplicación de nuevos espacios dentro de los centros educativos cuenta ya con 35 centros ubicados en zonas populares de la capital.
“Para dar este tipo de apoyo tratamos de buscar los centros con mayor población educativa; hasta la fecha, el programa ha beneficiado a 35 centros, tratando de satisfacer las necesidades a todo nivel tanto en lo urbano como el lo rural”, detalló.
El trabajo es manejado en conjunto con autoridades del centro educativo y padres de familia; “ellos presentan la solicitud para que nosotros les brindemos la ayuda necesaria”, continuó.
Los beneficiados
Dentro de los 35 centros se encuentran las escuelas República de Perú, República de Panamá y República de Paraguay, y los centros de educación básica Ramón Villeda Morales y Jorge J. Larach.
Con este tipo de proyectos el Cohcit intenta estimular la producción y la competitividad entre los estudiantes.
Entes formadores
En la actualidad, el programa Ampliando Horizontes ha capacitado a más de 250 maestros para que sean ellos mismos los que se conviertan en los técnicos de soporte de las salas de innovación tecnológica.
Cada sala implementada dentro de las escuelas comienza con una base tecnológica de 15 computadoras, donde son instalados paquetes básicos para los menores, permitiéndoles aprender de una forma interactiva.
Dentro de estas Salas de Innovación se utilizan dos programas educativos: Torre de Control y Click, donde se le enseña al niño a buscar información dentro de la computadora sin necesidad de estar conectado a Internet.
Cinthia Carías es la encargada del centro básico Jorge J. Larach, ubicado en la colonia Montes de Sinaí, donde a diario se atiende a alumnos de primero a sexto grado.
“Comenzamos con clases básicas de laboratorio donde se enseña al alumno las partes principales de la computadora y cómo acceder a ella”, explicó Carías.
Los requisitos
Muchas escuelas no tienen acceso al programa por una sencilla razón: no cuentan con un espacio físico donde se pueda instalar la sala de informática, que es el primer requisito.
Y es que, después de mostrar el estado de la infraestructura de centros educativos como la José Ángel Ulloa, Víctor F. Ardón, República de Chile y Honduras 2, entre otros, no es difícil darse cuenta de que los miles de infantes que asisten a estos centros no tendrán acceso a una computadora a menos que se reconstruyan sus escuelas.
Otro de los requisitos es tener una matrícula que supere los 400 alumnos, contar con una junta de padres de familia autorizada, enviar una carta de petición a nombre de la institución y el programa.
Luego de cumplir con estos requerimientos, un inspector del Cohcit realiza un recorrido por la escuela confirmando estos datos y comienza el equipamiento del aula, lo que corre por cuenta del programa.
Para merecer esto hay que padecer: un grupo de 80 niños de quinto grado de la escuela 17 de Septiembre reciben clases en el patio para permitir que sus aulas sean utilizadas como sala de computación.
Los pequeños estarán expuestos a las inclemencias del tiempo mientras se les asigna otro espacio donde puedan continuar sus clases.
El esfuerzo de estos menores debe despertar el compromiso de las autoridades de Educación, el Cohcit y el mismo gobierno, ya que es una muestra del deseo de aprender de miles de niños que anhelan cumplir sus sueños a costa de su propio sacrificio.