Honduras
La creatividad se palpa en las calles de la capital. Allan Irula y Samuel Sosa, de 19 a帽os, se han convertido en los maestros de un juego de origen chino conocido como yoyos chinos o di谩bolos.
Estos jovencitos, que estudian en la Universidad Metropolitana de Honduras, presentan su acto en sitios p煤blicos, donde son aplaudidos por los presentes.
El yoyo es una novedad para quienes lo observan, es de pl谩stico y para jugar se necesitan dos varas atadas en cada extremo con una cuerda que se llama hand sticks que lo impulsa igual que si fuera un trompo.
Allan y Samuel tardaron tres meses en aprender el juego.
Los yoyos son un regalo de un familiar que les lleg贸 a sus manos el a帽o pasado.
Les gusta tanto que no pueden dejar de jugarlo en sus ratos libres.
El yoyo tiene una diversidad de colores, que al alzarlo al viento se convierte en una especie de arco iris.
Como juguete, el yoyo se origin贸 en China hacia el a帽o 1000 antes de Cristo.
La versi贸n oriental consist铆a en dos discos de marfil con un cord贸n de seda enrollado alrededor de su eje central.
Al pasar el tiempo, este juguete chino se difundi贸 en Europa, donde fue adornado suntuosamente con joyas y pintado con dibujos geom茅tricos, a fin de que su rotaci贸n creara efectos hipn贸ticos.