Honduras
Danilo Cáceres camina temeroso, apenas son las 7:00 de la noche del viernes y a este capitalino le parece más tarde.
Sus pies parecen más pesados, la ansiedad se apodera de él y cómo no, si el trayecto que atraviesa desde el instituto Hibueras hasta el centro de Tegucigalpa está en penumbras.
Este suplicio lo vive a diario al igual que miles de capitalinos que viven sus noches a oscuras, porque el alumbrado público brilla por su ausencia en las calles de barrios y colonias de la ciudad.
“Yo trabajo cerca del instituto Hibueras en un negocio que lo cerramos a las 7:30 de la noche y todos los días paso a la carrera por el puente Soberanía, ahí no hay ni un tan sola lámpara que sirva”, dijo Cáceres.
Su historia es parecida a la de Karla Fajardo, una estudiante del tercer año de comercio internacional de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, que cada día debe regresar de noche a su vivienda, en la colonia Francisco Morazán.
“El anillo periférico es la ruta más rápida a mi casa, muchas veces he visto los accidentes por la falta de alumbrado público, creo que la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) debería hacer algo al respecto”, dijo Fajardo.
Las denuncias llegan a diario y la respuesta de la estatal eléctrica es la misma: la inversión es demasiado cara.
La única opción es repararlas y en ese intento la ciudad poco a poco se queda a oscuras, a merced de la delincuencia y expuesta a accidentes.
La factura
Todos los meses el cobro por servicio de alumbrado público y ajuste por combustible se reflejan en el recibo de servicio de Esther González, una capitalina que reside en la cuarta entrada de la colonia Kennedy.
Y a pesar de haber vivido ahí toda su vida, no recuerda cuando fue la última vez que vio una lámpara encendida.
La única iluminación de la calle son las luces de los autos que a diario circulan por la zona.
“Todos los meses mi recibo viene con un monto de 22.63 lempiras por concepto de alumbrado público y un costo más de ajuste por combustible de 121.45, más el gasto residencial y en el poste que está frente a mi casa, vea usted, no hay un foco”, dijo González.
En un recorrido por algunas zonas de la capital, EL HERALDO detectó que es más fácil hacer un mapeo de los barrios y colonias que sí cuentan con alumbrado público.
La oscuridad va de menor a mayor. El anillo periférico casi en su totalidad es de los sectores más oscuros, sobre todo en el tramo entre Los Laureles y la Arturo Quezada.
Ahí no se ve ni una sombra, a veces las luces altas no son suficientes y muchos conductores han sido presa de accidentes a causa de la oscuridad.
Si de hacer un mapeo se trata, la colonia Arturo Quezada es de las que menos lámparas tiene, al tratarse de una colonia relativamente nueva, el alumbrado es casi nulo.
La Kennedy no se queda atrás, las pocas lámparas que sobreviven en zonas como la primera entrada son obstruidas por los árboles y hay zonas donde a 200 metros a la redonda no se encuentra un tan solo foco.
El bulevar de la colonia Miraflores no se queda atrás, las pocas lámparas están ocultas entre los árboles y de las arterias secundarias ni se diga, historias como la de un capitalino que lleva 20 años esperando que se repare el foco ubicado en un poste en la esquina de su casa están a la orden del día.
En el centro de Tegucigalpa la situación es delicada, ahí la oscuridad reina y es el escudo ideal para los delincuentes.
Igual ocurre con zonas como la Torocagua, El Carrizal, El Obelisco, San Francisco, El Reparto, San Miguel, El Edén, Tres Caminos y Las Lomas del Guijarro por mencionar algunas.
Los responsables
La respuesta de las autoridades de la ENEE es que no cuentan con los recursos necesarios para hacerle frente al problema; una situación que limita en un 75 por ciento a realizar cambios de lámparas en la ciudad.
“No contar con los recursos para el mantenimiento nos obliga a instalar lámparas de forma intercalada en los bulevares.
Los costos de reparación de alumbrado público registran un gasto de 1,500 a 1,800 lempiras por cada lámpara”, explicó Saúl Velásquez, encargado de alumbrado público de la ENEE.
En la mayoría de los casos los daños a las lámparas se reflejan en la fotocelda o relay, una pequeña pieza que parece una tapón y que determina el encendido de la misma. Velásquez asegura que un 60 por ciento de los bulevares capitalinos no cuentan con alumbrado.
El mapa de electrificación de la ENEE para Francisco Morazán indica que la cobertura de zonas que cuentan con energía eléctrica es de un 91.5 por ciento, sin embargo no se detalla el alumbrado público, el cual es deficiente.
Los costos de mantenimiento son muy altos, sumado a eso la inclemencias del tiempo y algunas personas que dañan las lámparas, contribuyen al problema.
Albino Aguilar labora en la unidad de mantenimiento de la ENEE, donde a diario se reparan entre 10 y 15 lámparas de distintos tamaños.
Las cuadrillas de manteniendo trabajan en base a planificación haciendo reparaciones de focos, arrancadores, bovinas y fotoceldas.
En la ciudad hay tres tipos de lámparas ubicadas en tres categorías: Alumbrado residencial, alumbrado en los bulevares, calles y avenidas y en los parques.
El tamaño depende de la prioridad de necesidades, van desde 100 hasta 400 watts.
“Cuando se daña la fotocelda muchas veces la lámpara queda encendida de día y de noche, es por eso que le hacemos un llamado a la población para que llame a nuestras oficinas y denuncie el problema”, manifestó Sergio Medina, encargado de emergencias de la ENEE.