Honduras
Para Alejandrino Munguía, la Cuaresma representa el tiempo que recuerda todo lo que el hombre le debe a Dios y, a la vez, lo que Dios ha hecho por la humanidad a través del sufrimiento.
La Cuaresma comenzó.
El monótono canto de las cigarras, la naturaleza que muestra la resequedad del verano, árboles que dejaron caer sus hojas para darle paso a las sencillas flores moradas y lilas y los altares de las iglesias vestidos de otro color indican el inicio de un nuevo tiempo litúrgico.
Y es que a partir de hoy Miércoles de Ceniza, a los cristianos católicos de la capital se les concede un tiempo de gracia que comprende 40 días hasta llegar al Jueves Santo.
Registro bíblico
Esta temporada tiene sus antecedentes bíblicos con los 40 días de diluvio que enfrentó Noé y su familia. Este acontecimiento bíblico se reporta como la primera Cuaresma.
A este hecho siguen 40 días de Elías, el profeta de Dios en el desierto, 40 años de peregrinaje del pueblo de Israel en busca de la tierra prometida, 40 días de ayuno y de oración de Jesús antes de comenzar su ministerio.
“A partir del punto bíblico, Cuaresma es un tiempo de gracia, de bendición. Ya con Noé se mostraba un tiempo de gracia para volver a salvar la creación y crear algo nuevo. Y en Jesús un tiempo de gracia para preparar su ministerio público”, relató el sacerdote Juan Carlos Martínez.
Hoy en día, la Iglesia Católica propone a sus fieles vivir la Cuaresma de acuerdo a consejos evangélicos y recomendaciones bíblicas a voluntad del mismo Jesús.
Estas recomendaciones están comprendidas en el ayuno, la oración, abstinencia y la caridad.
“Cuaresma es un profundizar, interiorizar en nosotros mismos para ver la manera de salir de nuestros egoísmos, rencores, odios y de esas cosas que crean un mundo dividido, de guerras y conflictos, y así construir un tiempo de gracia”, recomendó el presbítero.
De esta manera, la Cuaresma no tiene que verse como un tiempo concluido, sino como un camino hacia la pascua, donde se encuentra el triunfo de Cristo sobre la muerte y sobre el pecado.
Los signos
La Cuaresma está marcada por muchos signos que buscan que el cristiano camine seguro hacia la conversión.
Uno de estos signos es el color morado con el que por espacio de 40 días estarán adornados los altares.
Este color que nace de la fusión del rojo y el azul significa preparación, transformación y penitencia. Esto es volverse humilde y sencillo ante el pecado cometido.
La cruz de ceniza es otro de los signos visibles, y puesta sobre la frente del cristiano lo invita a reflexionar, volver a sus orígenes y retomar su identidad.
“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás. Arrepiéntete y cree en el evangelio”. Estas frases con mucho sentido serán repetidas hoy a cientos de católicos que acudan desde tempranas horas a los templos a ser marcados con la ceniza de la conversión.
“A medida que avanza la Cuaresma mostrará signos nuevos como el bautismo, de sacramento, que quieren mostrarnos del agua, de la salud, oración, hasta llegar a la Semana Santa, que es el misterio profundo de nuestra fe”, enfatizó Martínez.
La palabra de Dios, contemplada en las sagradas escrituras, es de carácter esencial porque revela la búsqueda constante de cosas nuevas que solo se logran en comunión con el Altísimo.
El fuego y el agua, aunque parezcan contradictorios, en la espiritualidad cristiana tienen un significado profundo. La historia de la salvación ha mostrado que el agua significa una bendición de Dios y de vida nueva, mientras que el fuego nos recuerda a Cristo vivo y resucitado.
No menos importante como signo son las cadenas que recuerdan las ataduras del pecado, que solo pueden rotas a través del amor de Dios.