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Nueve hombres que defendieron con sus vidas el bosque

Cuatro militares y cinco empleados del SANAA, serán recordados hoy en un acto conmemorativo en el monumento que en su honor se levanta en la aldea La Sabana
08.03.09 - Actualizado: 08.03.09 07:27pm - Redacción: diario@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

El bosque los reclamó. Los pinos que juraron proteger fueron su tumba. Hace un año que están en la presencia del Creador y hoy, sus esposas, hijos, madres, hermanos y amigos, los recuerdan como los Héroes de Upare, 9 compatriotas que dieron su vida por defender los recursos naturales.

Los efectivos de las Fuerzas Armadas de Honduras, Evaristo Castro Flores, Selvin Omar Martínez Herrera, Julio César Suazo Escobar y Gumercindo Sánchez Mendoza y los trabajadores del Servicio Autónomo Nacional de Acueductos y Alcantarillados (SANAA), Mario Evelio Sierra, Máximo Zerón Martínez, Eligio Escoto Martínez, Enrique Escoto Martínez y Julián Santos Amador, son recordados hoy en una ceremonia conmemorativa en el monumento erigido en su honor en la aldea La Sabana.

Una misa solemne, testimonios, murales, obras de teatro, conferencias, simulacros y exhibiciones, forman parte de las actividades para recordarlos, que el comité organizador conformado por los patronatos de las aldeas La Calera, La Sabana, Mateo y El Empedrado, tienen preparadas hoy a las 10:00 AM.

La tragedia que conmocionó no solo a la capital, sino al país, ocurrió el domingo 9 de marzo de 2008.

El incendio se reportó a eso de las 5:00 de la tarde del domingo en Upare, en las cercanías de la aldea Los Pozos, a unos tres kilómetros al sur de los batallones, en la carretera que conduce a Mateo.

Unas 150 personas, entre civiles y militares, intentaban apagar las llamas que consumían el bosque, cuando una ráfaga de viento cambió el rumbo del fuego y fueron abrasados por las llamas. Siete perdieron la vida en el acto, los otros dos fallecieron en el hospital.

El rescate fue dramático, pobladores de la zona, elementos del Ejército, bomberos, Cruz Roja se sumaron a las tareas en medio de la oscuridad que duraron unas cinco horas.

La entrega de los cuerpos a sus familiares fue desgarrador. Hoy se cumple un año y la tristeza sigue viva.

A los familiares solos les queda el orgullo de una medalla o un reconocimiento, pero eso no les devolverá a sus padres, esposos, hijos y hermanos.

Julio César Escobar, un soldado dedicado

El soldado de infantería era originario de Las Pilitas, departamento de Valle.

Sus padres Tomás Suazo Acosta y Ana María Escobar, aún no sanan las heridas que les dejó su muerte.

Junto a tres compañeros militares más entregó su vida por defender el bosque de las llamas de un voraz incendio.

Gumercindo Sánchez, cumplió su promesa

Su promesa de proteger los recursos naturales la cumplió hasta su último suspiro.

El soldado de infantería, nacido en la comunidad de San Miguelito, Guajiquiro, La Paz, ha dejado un hondo vacío en una humilde familia.

Sus padres Gumercindo Sánchez López y Santos Mendoza, ruegan a Dios que les llegue la resignación.

José Evaristo Castro, soldado por convicción

Salió de su tierra natal el municipio de Pespire, Choluteca, con un saco lleno de sueños.

Ahora el joven es un héroe, soldado de infantería, que ofreció su vida para defender los recursos naturales.

Sus padres José Agripino Castro y Reina de Jesús Flores están orgullosos del hijo que formaron, que cumplió a cabalidad su papel.

Selvin Martínez Herrera, una vida dedicada a servir

La línea frágil de la vida se apagó con fuego. El soldado de infantería Selvin Martínez Herrera cerró sus ojos para siempre mientras luchaba por impedir que las llamas consumieran el bosque de Upare.

Ramón Martínez y Julia Herrera Valerio, sus padres, abren sus viejas heridas, a un año de la partida de su hijo.

Mario Evelio Sierra, un padre abnegado

A su partida dejó atrás una esposa y cuatro hijos, Milagros, Ivis, Jairo y David. Los pequeños, que residen en la aldea La Calera, no han podido olvidar este día. Ya ha pasado un año y el hueco ha sido difícil de llenar.

El valiente hondureño, que azadón en mano, salió de casa para apagar el fuego, no regresó.

Hoy su acto heroico es reconocido para la posteridad.

Santos Julián Amador, un hijo insustituible

La partida de este hondureño, residente en la aldea La Sabana, dejó luto y dolor a su madre Mariana Amador.

Sus hermanos lo recuerdan con cariño como un hombre valiente y honrado que trabajaba duro para mantener a su familia.

Su esposa y sus hijos dejaron el hogar donde aún no se llena el vacío que él les dejó. La resignación tardará en llegar.

Eligio Escoto Martínez, luchador incansable

Su esposa Santos Amador y sus dos hijos Roque Reinaldo Escoto y Santos David, aún no se resignan a su partida. Ofrendó su vida en un empleo que era el sustento diario de esta humilde familia.

Los suyos, que lo recuerdan como un padre entregado y luchador incansable, están desprotegidos, esperando la ayuda del Estado.

Máximo Zerón daba todo por la salud del pueblo

Padre de Felina y Reina Zerón, este humilde labrador, era una persona muy querida en la aldea La Sabana. Además de trabajar duro para mantener a su familia, era el partero de la zona.

Los pobladores no solo perdieron a un hombre ejemplar, sino a un auxiliar de salud, que se entregaba en lo que hacía.

El dolor de su partida sigue latente en los suyos.

Enrique Escoto, un ejemplo de hermano

Partió junto a su hermano Eligio. Padre de cinco hijos de pan en mano, este héroe perdió su vida intentando salvar los pinos de la montaña de Upare.

Era el sostén de su familia. Su esposa ahora navega sola luchando por sacar adelante a su familia.

El vacío de su partida no ha sido llenado. Solo queda el consuelo que ha sido nombrado como héroe.

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