Honduras
El despegue y aterrizaje de un avión pueden ser las fases más críticas del vuelo, sin embargo, son los momentos más esperados y fascinantes para muchos capitalinos.
El fuerte sonido de las turbinas de las aeronaves en el internacional aeropuerto Toncontín, acercándose o alejándose por los vientos, es un privilegio que puede ser disfrutado a apenas metros de distancia, en la capital.
Y es que personas de todos lados de la ciudad que simplemente transitan por las inmediaciones del aeropuerto, en el anillo periférico, detienen su recorrido para aprovechar la oportunidad de apreciar de cerca a una aeronave en plena acción.
En las cercanías del anillo, justo en la entrada a la residencial América, se ha construido un pequeño monumento donde familias enteras se dan cita para decifrar el enigma de cómo una máquina más pesada que el aire puede despegar de una pista, trasladarse de un punto a otro y aterrizar de nuevo en tierra firme.
Aunque todavía no se lo explican, don Luis Rivas y sus tres pequeños no se pierden el espectáculo y desde la colonia Campo Cielo se trasladan con frecuencia los fines de semana a la zona de ampliación del Toncontín.
“Desde aquí se siente la presión del aire y a mis hijos les encanta sentir la vibración del suelo... es divertido”, comenta con entre sonrisas.
Independientemente del tipo, modelo o tamaño, los aviones necesitan un fuselaje, alas, cola y superficies flexibles para el control del vuelo.
Con un aeropuerto dentro de la ciudad, los capitalinos no solo tienen teoría, sino también la oportunidad de confirmarlo con sus propios ojos.