Honduras
“A la Virgen hay que rezarle el Santo Rosario, encenderle una vela para que contenta se deje colocar sus galas e impresione con su belleza. Rafaelito es un niño inquieto, malcriado, hay que rogarlo para que se deje cambiar. Pero Gabrielito, ese sí es buen niño, es un santo, tan dócil que no da problemas. ¡Déjese poner el traje Rafael! Aprenda de Gabriel que bien se deja cambiar sin protestar”.
Esta conversación ocurre cada año en la antesala de Semana Santa en la iglesia El Calvario.
No se trata de una madre llamando la atención a sus hijos, sino de tres damas capitalinas que han convertido en parte de su ofrenda de fe, vestir a los arcángeles, fieles custodios permanentes de la Virgen de la Soledad, que datan del siglo XVII.
Las tres capitalinas Argentina Moncada, Nohemí de Aplícano y María Cristina Mejía se han entregado en cuerpo y alma a su devoción y con plena convicción aseguran, “el día que nos quieran sacar de aquí, nos morimos”.
Durante tres décadas, estas fieles se han constituido dentro del Grupo de Apoyo de la Iglesia El Calvario del barrio Abajo.
La solemnidad con que se realiza la procesión de La Virgen de Soledad (María luego de la muerte de Jesucristo), el Viernes Santo a las 10:00 de la noche, es sin duda el marco en el que estas mujeres atienden las imágenes.
La majestuosidad con que se viste esta imagen que data de 1764, y que es uno de los tesoros del patrimonio religioso con que cuenta el país, se le debe a este grupo de señoras.
Todo un ritual
Ataviar la imagen de la Virgen de La Soledad, presentarla bella ante los ojos de quienes la verán hacer su recorrido por las procesiones del Viernes Santo es todo un ritual.
El ropaje de la virgen es un vestido y el manto elaborado en fino terciopelo y bordado con hilos de oro traído desde Guatemala en 1958, a un costo de 1,500 dólares.
Según revelan las fieles devotas, este fue un regalo que le obsequió la señora Dolores de Díaz, esposa del doctor Esteban Díaz Mendoza, en gratitud por haberle devuelto la salud.
La Virgen también cuenta con una daga que el año pasado le obsequió su fiel soldado Gerardo Haddad.
“La vestimos todos los años con este manto. Luego lo guardamos, hacemos una ceremonia especial y lo colocamos sobre papel de arroz para que el bordado no se vaya a dañar”, explicó Nohemí de Aplícano, quien lleva 27 años de servicio continuo a su madre Santísima.
En el rito de vestir la imagen no se permite que estén hombres presentes, solo estas tres damas u otras fieles se encargan de hacerlo; “la virgen es muy dócil y con rezarle el Santo Rosario se siente alegre”, cuentan las damas.
También hay que cantarle. “Dolorosa de pie, junto a la Cruz, tú conoces nuestras penas, penas de un pueblo que sufre”.
La rebeldía de Rafael
De los niños -como llaman estas fieles a los arcángeles- Rafael es el más inquieto, ya que cuando no quiere no se deja vestir, para ello hay que hablarle fuerte, pastorearlo para aplacar su rebeldía.
En cambio Gabrielito no da problemas, es el más dulce y no protesta por su vestimenta.
“Le gusta catrinearse, estrenar todos los años, los vestidos del año anterior no se los deja poner, yo soy la encargada de eso y ya tiene su vestido nuevo, por si no se deja vestir”, manifestó Argentina Moncada, quien con devoción sigue la tradición de vestir imágenes, heredada por su madre y en esta labor lleva infinidad de años.
María Cristina Mejía, una doctora en química y farmacia, también heredó desde muy niña esta tradición que logra con fe y amor.
“Mi madre era la que antes se encargaba de vestir las imágenes, yo siempre la acompañaba, y fue ella quien me infundió esos sentimientos que uno desarrolla en el curso de la vida y que son parte de uno”, expresó.
Como la devoción tiene que ser completa, las señoras se encargan de confeccionar la vestimenta de los arcángeles y velar por la protección de las imágenes.
Nohemí, Argentina y María Cristina aseguran que la santa madre se ha manifestado de diferentes maneras en sus vidas, ellas son sus fieles hijas, que le prodigan atención y cuidado, a ella acuden en momentos de alegría, angustia y desesperación.
“Ponte el delantal, madre, que vamos a implorarte y haz lo que nosotras te pedimos”, le dicen.
Honores a La Dolorosa
Otra de las imágenes religiosas muy queridas por los capitalinos es la Virgen de La Dolorosa.
La escultura que pertenece a la Catedral San Miguel Arcángel data del siglo XVIII y es obra de Vicente Gálvez.
Cada año durante la Semana Mayor es motivo de honras de parte de los fieles.
El próximo Miércoles Santo, el arzobispado de Tegucigalpa y el Comité Metropolitano de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño realizarán el concierto Stabat Máter a las 7:00 PM en la iglesia San Francisco.
Participarán la mezzosoprano Diana Santos y la soprano Ernestina Teruel, acompañadas de orquesta de cuerda y piano.
Además para el Viernes Santo habrá un grupo de artistas encabezados por Víctor López, le elaborarán una alfombra a base de flores y frutos, con el tema central “Las Vírgenes de América”.
El Sábado Santo, por la mañana, los piadosos acudirán a La Dolorosa para presentarle el pésame por la muerte de su hijo Jesús y donde se le reza el Santo Rosario.
La cifra
1,500 Dólares costó en 1958 el ropaje que luce la Virgen de La Soledad el Viernes Santo.