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Doña Carmen, valiente, guerrera y madre ejemplar

La cruz que lleva a cuestas no es fácil. A sus 67 años, esta madre soltera que reside en el Hato de Enmedio, cuida y protege a su hija enferma, dos nietos autistas y su madre con Alzheimer
08.05.09 - Actualizado: 08.05.09 06:31pm - Lourdes Barahona: lourdes.barahona@elheraldo.hn

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Tegucigalpa,

Honduras

¡Dios nos escoge y el gran sacrificio que se hace, es meritorio de todo! Ese es el significado de ser madre para Carmen Bustamante de 67 años.

Para esta abnegada mujer, los golpes de la vida han sido continuos. Pero, con la ayuda del Creador, ha sostenido con fe y resignación la cruz que le ha tocado llevar a cuestas.

Ella sola provee de techo, alimento y mucho amor a su hija enferma, dos nietos autistas y su madre de 99 años con alzheimer.

Ahí, en una humilde vivienda de la colonia Hato de Enmedio, con entrega, coraje, templanza y valentía, lucha por salir adelante con los suyos.

Una vida de sacrificios

Su niñez estuvo llena de felicidad. Pertenecía a una pudiente familia teleña, vivió rodeada de lujos.

Sin embargo, la vida le dio una sorpresa. “Mi padre falleció y la crisis económica envolvió por completo a mi familia, a tal grado que tuvimos que vender todo e irnos a vivir a Danlí, a casa de un tío por parte de mamá”, narró con tristeza.

Junto a sus cuatro hermanos, trabajó para ganarse el sustento diario, situación que le imposibilitó terminar su carrera de magisterio.

En 1964, en plena juventud se casó y se fue a vivir a Nicaragua. Concibió a su hija Gioconda, pero el alcoholismo de su esposo la obligó a dejarlo y regresó con su pequeña de tres años a Honduras.

Siendo madre soltera, como un gran porcentaje de mujeres en el país, le tocó trabajar para sacar adelante a su hija. Durante 8 años laboró en la Secretaría de Gobernación y Justicia, tiempo que aprovechó, como ella dice, para “hacerse de su casa”.

Ahí en su humilde vivienda que comparte con su hija, sus nietos y su madre de 99 años, que padece alzheimer, doña Carmen es el timón de esta familia.

El rosario de cada día

La cruz diaria que carga doña Carmen es dura. Sus nietos Chester de 22 años y Jeanpier de 15, desde que nacieron sufren de autismo y en varias ocasiones han tenido graves recaídas.

Estos pequeños no han podido continuar estudiando ya que en las instituciones educativas especiales les exigen su propia niñera, algo que resulta imposible pagar por esta familia.

Ellos son como niños que hay que cuidar, alimentar, bañar y darles medicinas. Eso sí aman entrañablemente a su abuela, se refugian en ella como si fuera su propia madre.

Por si fuera poco, su hija años atrás enfermó y estuvo interna en el hospital psiquiátrico Mario Mendoza, donde sufrió una sobredosis de medicamentos que le provocó un estado de letargo.

“Al entrar el siguiente gobierno me despidieron de Gobernación y el dinero que me dieron lo invertí para poner una pulpería y comprar mi casa, pero mi hija se enfermó y las medicinas eran sumamente caras, ella no puede sostenerse sola”, explicó con tristeza.

Cada día es un nuevo desafío, ya que tiene que cuidar a sus nietos y a su madre.

Chester, el mayor, se ha vuelto más independiente, contrario a Jeanpier, quien hace unos meses sufrió una recaída severa, pero poco a poco se ha ido recuperando.

Un reto diario

El único ingreso que percibe esta madre capitalina es el que le da su hermano y una sobrina, asimismo, lo que gana lavando ajeno su hija.

Dinero que asegura, no alcanza para tantos gastos que tiene que cubrir todos los días.

Medicinas, comida, pago de servicios públicos y vestuario; forman parte de la lista.

El reto es diario, las noches de desvelo al cuidado de su madre desgastan su vida, a esto se suma que hace ocho meses, Carmen fue diagnosticada con diabetes.

Pero Dios es su único timonel, aunque reconoce que hay momentos en que duda.“A veces me desespero, yo hago todo en la casa, aún enferma tengo que hacer las cosas, siento que no puedo más con tantas adversidades”.

Su vida no ha sido fácil, pero reconoce que ser madre es el don más especial que Dios le ha dado.

“Felicito a las madres porque Dios nos escoge y el gran sacrificio que se hace es meritorio de todo lo que se le pueda dar en ese día. Son miles de madres que he visto en peores casos. Pidan a Dios, él es el único que puede ayudarnos”. expresó.

Y es que ella se ha convertido en un ejemplo de amor y perseverancia, digno de imitar por todas las mujeres.

Asimismo, admirada por su hija Giconda, quien asegura que “mi mamá es una mujer fuerte y su único apoyo en mi vida”.

* Mérito: Esta mujer se ha convertido en una heroína y madre con todos los honores. La palabra derrota no forma parte de su vocabulario.

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