Honduras
Ayer, segundo domingo de mayo, los hondureños, particularmente los capitalinos, rindieron tributo al ser más preciado: la madre.
Rosas rojas, música de mariachis, fiesta, pasteles, regalos, desfilaron por la ciudad en honor a la imagen más clara de Dios en la tierra.
Pero no todas las madres gozaron del privilegio de celebrar en libertad con sus seres queridos esta fecha conmemorativa.
Las hay aquellas que en la Penitenciaría Nacional Femenina de Adaptación Social, (PNFAS) están tras las rejas, purgando una condena. Pero aún así, ellas también festejaron el Día de la Madre.
Presas, pero libres
Con ternura infinita, imposible de ocultar en su mirada, Dulce Martínez, contempla a su pequeña Danna Michelle.
La colma de besos, caricias y le expresa amorosas frases.
La niña, ajena a todo lo pasa a su alrededor, le corresponde con una tierna sonrisa que hace iluminar su inocente carita.
Y es que purgar una condena de 28 años, de los que ya lleva 10 por un delito cometido, no impiden a Dulce disfrutar del sagrado don de la maternidad.
Tras las rejas de la cárcel experimentó la libertad de ser madre, se atrevió a gozar de este derecho y el maravilloso regalo de nombre Danna Michelle, que llegó a su vida el 28 de agosto del año anterior, se vuelve más que una razón para luchar y seguir adelante.
“Tener a mi niña conmigo significa mi razón de ser. Ella es mi vida, mi esperanza y me hace olvidar la situación que estoy pasando, por ella voy a luchar”, confesó, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.
Junto a Martínez, nueve mamás comparten el Hogar Casa Cuna en el PNFAS, donde se les permite estar con sus hijos hasta que estos tienen tres o cuatro años de edad.
10 pequeñines con sus juegos, risas y travesuras se encargan de poner la nota alegre en este lugar, donde también existe solidaridad.
Olga Pinto, originaria del departamento de Copán, es otra de las madres, para quien las celdas no representan ningún obstáculo para desbordar su amor de madre en su hijo Willian Emanuel de 20 meses de edad.
Pinto reconoce que no es nada fácil cumplir con la tarea de ser mamá al estar privada de libertad, pero con coraje, valentía y muchas ganas de enmendar los errores del pasado se puede enfrentar una nueva vida y empezar de nuevo.
“Sabemos que tenemos seres que todavía nos necesitan como nuestros hijos y por ellos tenemos que echarle ganas.
No es nada fácil, es algo muy duro, pero tenemos que salir adelante, y no quedarnos estancados”, opinó Pinto, a quien le faltan dos años aproximadamente para cumplir su condena.
Experimentar ser madre por primera vez -pese a estar desde hace dos años presa sin recibir todavía condena- inunda de felicidad la vida de Claudia Romero.
Dentro de escasos meses, arrullará en sus brazos al fruto de sus entrañas, que si es un varoncito llevará por nombre Walter.
“Tanta es la alegría que siento al saber que seré madre, que por momentos se me olvida que ya son dos años los que llevo encerrada dentro de estas paredes”, declaró Romero.
Celebración inolvidable
Cinco años atrás doña Consuelo Alvarado, recuerda que celebraba la grata fecha en la comodidad de su hogar, rodeada del amor de sus hijos.
Tiempos aquellos en que el preciado don de la libertad estaba de su lado, pero las circunstancias hicieron que cambiara su morada por la prisión.
Pero hasta la PNFAS, llegaron sus hijas y nietos a festejarle el Día de la Madre a prodigarle atenciones y demostrarle que no está sola.
Así transcurrió una celebración especial como esta. Para las reclusas, el encarcelamiento en ningún momento les priva la libertad de cumplir con su papel de madres.
Fuera del centro penitenciario de mujeres, largas filas de visitantes llevando singulares presentes esperaban entrar al lugar para celebrar con su madre, esposa, hermana o amiga el Día de la Madre.