Honduras
La naturaleza lo reclamó. Las enormes ramas que daban sombra fueron reducidas a leña.
Pero la muerte del legendario árbol de guanacaste, ubicado en la zona comercial de Palmira, no fue causada por la mano del hombre, los fuertes vientos que azotaron la capital la noche del miércoles echaron por tierra su gigantesco tronco de más de 150 años de vida.
Por años sirvió de modelo para explicarle a los niños de varios centros educativos de la zona, las épocas de verano e invierno.
La belleza y sombra que proporcionó, por más de un centenario, este antañón espécimen de nueve metros de diámetro por 50 metros de altura, tristemente pasó a la historia.
Aunque para los expertos la caída del árbol era inevitable, pues las enormes raíces ya habían salido a la superficie y levantado el pavimento de la avenida República de Venezuela, no deja de ser un hecho lamentable.
“Nos da mucho pesar, pues el guanacaste es un ejemplar que no se ve muy a menudo en Tegucigalpa, pero así es la vida”, comentó con nostalgia, José Zelaya, jefe de la unidad de Bomberos Forestales, quien estuvo al mando del corte del árbol.
Sin fluido eléctrico
La caída del frondoso árbol, aparte de provocar una tristeza profunda en los amantes de la naturaleza y en los ambientalistas que hace unos 10 años lo habían condecorado en el Día del árbol, el 30 de mayo de cada año, dejó una serie de daños en la zona.
A las 2:00 de la madrugada de ayer, las débiles raíces carcomidas por el comején no soportaron la fuerza del viento y terminaron causando la caída del árbol, mudo testigo del crecimiento de la ciudad.
Las enormes ramas cayeron sobre los cables del tendido eléctrico, sistema de cable y telefonía, dejando sin estos servicios a toda la colonia Palmira por más de 15 horas.
Las cuadrillas de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) trabajaban desde ayer por la tarde en la reposición de dos postes, lámparas y cables eléctricos que fueron destruidos.
Además, el peso de las gigantescas ramas causó daños en las dos viviendas más próximas al redondel construido en la base del árbol.
El cerco de metal y algunas láminas de la residencia de doña Claudia Matute evitaron más destrozos en las viviendas aledañas.
Asimismo, el muro perimetral de la residencia siguiente soportó todo el peso del árbol.
Desde las 2:00 de la madrugada, dos unidades contra incendios del Cuerpo de Bomberos atendían la emergencia. Unos 20 bomberos forestales, con sierras eléctricas en mano, procedieron a cortar el legendario árbol.
Dolores Valenzuela, en representación de la Asociación de Periodistas Ambientalistas de Honduras, anunció que en los próximos días, realizarán un homenaje al vetusto árbol que resistió tempestades, huracanes, pero no los vientos racheados que azotaron la ciudad “esa noche oscura”.
En su lugar, informó, se plantará otro ejemplar de guanacaste.
Y es que a pesar del incalculable valor y belleza, la mayoría de árboles de antaño con que cuenta la capital están muriendo lentamente día a día, ya que están abandonados a su suerte.
Como “ancianos” que son, deberían ser protegidos y conservados por leyes decretadas por el gobierno, pero contrario a ello, muchos abogan porque sean cortados y no deterioren las calles, repudian los ambientalistas.
* Apoyo: La Policía Preventiva, las cuadrillas de la ENEE, la unidad de ambiente de la Alcaldía Municipal y de Copeco apoyaron la emergencia.
Le dedican poema a un amigo
Se marchó...
Esperó la noche para su último adiós, las gotas de lluvia caían entre sus ramas como lágrimas de despedidas.
No soportó más...
Las heridas en su alma eran ya muy profundas.
Sus huesos se astillaron como castillos de arena derrumbados por la blanca espuma del mar.
Se fue y se llevó su sombra... se llevó todas las historias de amor que a su pie muchos amantes contaron cuando fue testigo mudo de sus besos.
Ya no está...
Deja el mismo vacío del amigo que se va, de ese hermano que te escucha en silencio y en silencio te aconseja para darte refugio.
Se murió... como ese anciano solitario sin generación, cansado de contarle historias al viento.
Mudo por su propia soledad.
Ya no habrá alfombra de hojas porque con él se llevó sus otoños.
La sinfonía de tus aves no sonará jamás pues emigrarán al igual que su alma.
Se marchó ya... y su oasis de sombra hará falta como agua en el desierto.
Lástima que nada sea imperecedero... sobre todo lo bueno, pues la vida es tan solo una estrella fugaz en el eterno movimiento cósmico.
Antonio Alvarado
Capitalino